La respuesta corta es José Cuervo. En 1795, José María Guadalupe de Cuervo y Montaño recibió del rey Carlos IV de España una Cédula Real para producir y vender el destilado que entonces se conocía como vino de mezcal. Este documento es considerado la primera licencia oficial vinculada con la producción y distribución comercial del tequila.
Sin embargo, la historia no comenzó con aquella autorización ni significa que una sola familia haya inventado la bebida. El tequila es el resultado de un proceso mucho más amplio, construido a partir del conocimiento indígena sobre el agave, la incorporación de técnicas europeas de destilación y el desarrollo de una industria que tomó forma alrededor del poblado de Tequila, en Jalisco.
Lo que hizo la familia Cuervo fue convertir esa tradición regional en una operación legal, organizada y capaz de crecer más allá de su lugar de origen.
Antes de José Cuervo ya existía una cultura del agave

El agave formaba parte de la vida mesoamericana mucho antes de la llegada de los españoles. Durante al menos dos mil años se utilizó para preparar bebidas fermentadas, obtener fibras, fabricar utensilios y acompañar distintos rituales.
La destilación se incorporó posteriormente. A partir del siglo XVI, la fermentación indígena comenzó a mezclarse con técnicas y equipos llegados de Europa, dando origen a diferentes aguardientes de agave. Por eso, la UNESCO describe al tequila como el resultado del encuentro entre conocimientos prehispánicos y procesos europeos de destilación.
En aquella época no existían las clasificaciones actuales ni una definición legal de la palabra tequila. Las bebidas destiladas del agave se agrupaban bajo nombres como vino de mezcal, aguardiente de mezcal o, cuando procedían de la región, vino mezcal de Tequila.
1758: el comienzo de la historia Cuervo

El primer capítulo documentado de la familia se remonta a 1758. Ese año, José Antonio de Cuervo y Valdés recibió del rey Fernando VI un título de propiedad sobre tierras ubicadas en la región de Tequila. Allí comenzó a cultivar agave y a producir vino de mezcal.
El terreno era conocido como Solar de las Ánimas y se encontraba en una zona especialmente favorable para el cultivo de la planta. El suelo volcánico, la altitud y el clima de los Valles de Jalisco terminarían definiendo buena parte del paisaje que hoy relacionamos con la producción tequilera.
La actividad todavía se desarrollaba bajo las restricciones impuestas por la Corona española. La elaboración y venta de destilados locales atravesó diferentes periodos de prohibición y control fiscal, por lo que contar con una autorización real representaba mucho más que un simple trámite.
1795: nace el primer tequila comercial

Treinta y siete años después, José María Guadalupe de Cuervo y Montaño, descendiente de José Antonio, obtuvo del rey Carlos IV una Cédula Real para producir y comercializar vino de mezcal.
La bebida todavía no se llamaba tequila en el sentido legal que conocemos actualmente. Sin embargo, procedía de la región de Tequila y comenzó a identificarse como Vino Mezcal de Tequila de José Cuervo. Por esta razón, la casa es reconocida como la primera productora comercial de tequila y como la marca más antigua de la categoría que permanece activa.
La importancia de 1795 está en la formalización. La familia ya cultivaba agave y elaboraba destilados, pero aquella licencia permitió establecer una producción legal, ampliar su distribución y sentar las bases de un negocio que continuaría pasando de una generación a otra.
Más que el momento en que nació el tequila, fue el año en que comenzó su historia comercial documentada.
La Rojeña y el crecimiento de una industria

En 1812 se fundó La Rojeña, considerada la destilería activa más antigua de América Latina. Ubicada en el centro de Tequila, continúa siendo uno de los espacios principales de producción de José Cuervo.
Dentro de sus instalaciones, las piñas de agave se cuecen, muelen y fermentan antes de pasar por la destilación. Aunque la producción ha incorporado avances tecnológicos, la casa mantiene algunos elementos tradicionales, incluidos hornos de mampostería construidos en el siglo XIX.
La apertura de La Rojeña permitió aumentar el volumen, mejorar la consistencia del destilado y llevarlo a nuevos mercados. Para 1852, barricas de José Cuervo ya viajaban desde el puerto de San Blas hasta California, uno de los primeros pasos en la expansión internacional de la bebida.
El siguiente cambio importante llegó en 1880, cuando la casa comenzó a envasar el tequila en botellas individuales. Hasta entonces, la comercialización se realizaba principalmente en barricas o grandes recipientes. La botella hizo que el producto fuera más sencillo de transportar, identificar y vender tanto en México como en Estados Unidos.
Además de proteger el líquido, el envase ayudó a construir algo nuevo para la época: una marca reconocible. El tequila dejaba de ser únicamente un destilado regional vendido a granel para convertirse en un producto con nombre, procedencia e identidad propias.
De vino de mezcal a tequila

Durante buena parte del siglo XIX, la bebida continuó siendo conocida como mezcal de Tequila. Con el crecimiento de su reputación, el nombre de la región terminó imponiéndose y la palabra tequila comenzó a utilizarse por sí sola.
Este cambio también ayudó a diferenciar el destilado jalisciense de otros mezcales producidos en México. Con el tiempo se definieron ingredientes, territorios y procesos específicos hasta llegar a la regulación contemporánea.
El 9 de diciembre de 1974 se publicó la declaración oficial de la Denominación de Origen Tequila, la primera otorgada en México. Actualmente protege la producción en los 125 municipios de Jalisco y en zonas autorizadas de Guanajuato, Michoacán, Nayarit y Tamaulipas.
Por ello, no cualquier destilado de agave puede utilizar el nombre. Además de elaborarse dentro del territorio protegido, debe cumplir con la Norma Oficial Mexicana y utilizar agave azul Agave tequilana Weber variedad azul.
Una historia que todavía puede visitarse

Más de dos siglos después de aquella Cédula Real, José Cuervo continúa ligado a la familia fundadora y a la localidad de Tequila. La Rojeña permanece en funcionamiento y abre sus puertas a recorridos donde es posible conocer los hornos, las áreas de fermentación, los alambiques y las cavas.
El paisaje que rodea la destilería también forma parte de esta historia. En 2006, el Paisaje de Agaves y las Antiguas Instalaciones Industriales de Tequila fueron inscritos como Patrimonio Mundial por la UNESCO, reconociendo la relación entre la planta, las comunidades, las haciendas y los procesos productivos que transformaron la región.
José Cuervo no inventó por sí solo el tequila. La bebida nació de siglos de conocimiento, intercambios culturales y trabajo colectivo. Su lugar en la historia se debe a otra razón: fue la casa que obtuvo la primera autorización para convertir aquel vino de mezcal de Tequila en un producto comercial.
Así comenzó el recorrido de un destilado regional que, con el paso del tiempo, terminaría convertido en uno de los grandes símbolos de México ante el mundo.


