Lugares más accesibles para llevar ese vino que tanto amas.
Esa botella que lleva meses esperando una buena mesa quizá no necesita otra ocasión, sino el restaurante correcto. En la CDMX existen lugares que permiten llevar vino propio y disfrutarlo durante la comida a cambio de una cuota por el servicio de descorche.
Vale la pena hacer una precisión: descorche libre no siempre significa descorche gratuito. Cada restaurante establece el costo, el número de botellas permitido y las condiciones del servicio. Algunas políticas también pueden cambiar según la sucursal, el día o el tamaño del grupo, así que lo mejor es confirmarlas al momento de reservar.
Nicos

Nicos es una de las mesas fundamentales para entender la cocina chilanga. Desde 1957, el restaurante de Clavería conserva recetas familiares, rescata preparaciones históricas y mantiene una relación cercana con pequeños productores mexicanos.
Su cocina permite jugar con muchas clases de vino: blancos para ceviches y pescados, rosados para platos especiados o tintos para moles, carnes y recetas de cocción lenta. Nicos se encuentra en Avenida Cuitláhuac 3102, Clavería, y ofrece servicio de descorche con un costo de $350 pesos por botella.
Sud 777

Llevar vino a un restaurante de menú degustación puede ser una gran idea, siempre que la etiqueta dialogue con la cocina. En Sud 777, Edgar Núñez desarrolla una propuesta mexicana contemporánea guiada por los vegetales, la temporalidad y productos provenientes de distintos territorios del país.
El restaurante cuenta con servicio de descorche, tiene un costo de $450 pesos por botella y se ubica en Boulevard de la Luz 777, Jardines del Pedregal.
Cascabel

En Cascabel, la chef Lula Martín del Campo explora la cocina mexicana desde el maíz, los ingredientes de temporada y recetas que conectan con diferentes regiones del país. El menú se presta para experimentar con vinos mexicanos, desde blancos frescos hasta tintos con suficiente carácter para acompañar moles y preparaciones intensas.
Está ubicado dentro de Park Plaza Santa Fe, en Javier Barros Sierra 540, Torre 2, Sótano 2. El precio del descorche para Cascabel es de $350 pesos por botella.
Palominos

Los cortes de carne al estilo sonorense hacen de Palominos una elección bastante natural para esa botella de cabernet sauvignon, nebbiolo, tempranillo o mezcla bordelesa que lleva tiempo guardada en casa.
Además de cortes a las brasas, su carta reúne tortilla sobaquera, carne oreada, machaca y otros sabores del norte de México. Palominos tiene distintas sucursales, entre ellas Palmas e Insurgentes, y su promoción de descorche es quizá la más atractiva ya que si vas en días y horarios indicados en sus redes sociales, puedes pagar solo $1 peso por descorche.
Ajo Blanco

Una botella de albariño, verdejo o algún tinto español encuentra buena compañía en la cocina mediterránea de Ajo Blanco. La propuesta encabezada por los chefs Pablo San Román y Manuel Victoria reúne tapas, arroces, pescados y mariscos en un espacio relajado con terraza y huerto propio.
El restaurante permite llevar vino y cuenta con servicio de descorche, para este caso, podrás llevar hasta dos botellas de vino por reserva y el descorche es cortesía bajo el consumo mínimo de $450 pesos. Una opción especialmente atractiva para comidas largas alrededor de un arroz meloso, una fideuá o su totoaba a la mediterránea. Se encuentra en Pedregal 45, Lomas de Chapultepec.
Atalaya

Atalaya es uno de esos restaurantes pensados para una comida sin prisas. Su propuesta combina sabores mexicanos y españoles con platos familiares, pescados, carnes y recetas que funcionan bien al centro de la mesa.
El ambiente clásico y relajado lo vuelve una buena opción para abrir una etiqueta guardada para una reunión familiar o una comida con amigos. Se encuentra en Prolongación Bosques de la Reforma 1803, Lomas de Vista Hermosa y el precio de su descorche es de $350 pesos por botella.
Llevar una botella propia permite personalizar mucho más la experiencia, pero también implica cierta cortesía. Lo ideal es elegir un vino que no aparezca en la carta del restaurante, transportarlo correctamente y avisar desde la reservación. Así, la botella llega a la temperatura adecuada, el equipo puede preparar la cristalería y la sobremesa comienza sin sorpresas.


