Si hay un platillo que grite “México”, definitivamente ese es el Chile en Nogada. En CDMX, la llegada de este emblemático platillo también reactiva el debate de cada año: capeado o sin capear, nogada dulce o salada, receta clásica o reinterpretación. La buena noticia es que no hace falta elegir un solo bando. La temporada 2026 reúne suficientes propuestas para probar distintas versiones y dejar la discusión para la sobremesa.
Desde restaurantes que han conservado la misma receta durante décadas hasta cocinas que cambian el picadillo tradicional por quinoa, pato o cordero, estos son siete lugares para comenzar la ruta.
Orígen del Chile en Nogada
Un platillo con tanta historia tiene mucho qué contar, y existen varias versiones, pero la más aceptada es donde el chile en nogada tiene sus raíces en Puebla y se remonta al año 1821, durante los primeros días del México independiente. La versión más conocida cuenta que las monjas agustinas del convento de Santa Mónica lo prepararon para recibir a Agustín de Iturbide, quien atravesó la ciudad después de firmar los Tratados de Córdoba. Para homenajearlo, aprovecharon ingredientes de temporada y construyeron un platillo con los colores del Ejército Trigarante: el verde del chile poblano, el blanco de la salsa de nogada y el rojo de la granada.
Aunque esta narración forma parte del imaginario gastronómico nacional, no existe un documento histórico que confirme por completo quién creó la receta. Es probable que el chile en nogada surgiera de la evolución de la cocina conventual poblana, donde ya se combinaban chiles rellenos, frutas, carnes y salsas elaboradas con nueces. Su preparación también quedó ligada al final del verano, cuando ingredientes como la nuez de Castilla, la granada, la manzana panochera, la pera lechera y el durazno criollo alcanzan su mejor momento, convirtiéndolo en uno de los platillos estacionales más representativos de México.
Los Panchos: una receta que cumple 80 años

El chile en nogada de Los Panchos llega a la mesa con una historia familiar detrás. La receta fue creada por doña Carolina Rodríguez, fundadora del restaurante, y se ha mantenido prácticamente intacta desde 1945.
Su chile poblano lleva un relleno abundante de carne de cerdo y res, manzana panochera, plátano macho, piñón, chilacayote cristalizado y almendra. La nogada se prepara con nuez de Castilla y queso fresco, mientras que la granada aporta el contraste ácido y crujiente. Se sirve en una pieza de talavera verde diseñada por Ánfora, un detalle que vuelve la presentación todavía más especial. Disponible hasta el 30 de septiembre, cuesta $580 MXN e incluye dos onzas de Tequila José Cuervo Tradicional Cristalino.
¿Dónde? En sus distintas sucursales como Anzures, Palacio de Hierro Polanco, Santa Fe, Satélite, Perisur y Coyoacán.
París 16 Bistró: el que requiere reservar con tiempo

Escondido en el vestíbulo de un edificio de Paseo de la Reforma, París 16 Bistró sirve uno de los chiles más difíciles de conseguir de la temporada. Solo lo prepara viernes y sábado, así que aquí llegar sin reservación no suele ser la mejor idea.
Puede pedirse capeado o sin capear. Su relleno combina carne de res y cerdo con almendras, pasas y frutos secos, además de corazón de piña cristalizada como sustituto del acitrón. La nogada es espesa, generosa y de perfil dulce, elaborada con nuez de Castilla y queso de cabra. El pan que llega a la mesa tiene una misión bastante clara: no dejar nada de salsa en el plato.
¿Dónde? Paseo de la Reforma 368, Juárez.
Nicos: una visita a Clavería que vale el trayecto

Hay temporadas gastronómicas que justifican cruzar la ciudad y el chile en nogada de Nicos es una de ellas. El restaurante fundado por doña Elena Lugo y Raymundo Vázquez en 1957 trabaja esta receta bajo la dirección del chef Gerardo Vázquez Lugo, con especial atención al origen de cada ingrediente.
El chile poblano, la manzana panochera, la pera, el durazno y buena parte de las frutas llegan desde Calpan, Puebla. La nuez de Castilla se pela a mano y el picadillo de res y cerdo se corta con cuchillo. En lugar de acitrón se utiliza xoconostle cristalizado, una decisión que protege la biznaga sin sacrificar ese punto dulce dentro del relleno.
El resultado es equilibrado, menos empalagoso que otras versiones y muy apegado a la temporalidad. Puede pedirse capeado o sin capear.
¿Dónde? Avenida Cuitláhuac 3102, Clavería, Azcapotzalco.
Casa Merlos: cocina poblana sin atajos

Casa Merlos es uno de esos restaurantes que vale la pena guardar para cuando el antojo pide cocina poblana en serio. Fundado en 1970 por la chef Lucila Molina de Merlos, su carta recupera recetas de los siglos XVIII y XIX con técnicas, ingredientes y sazones que rara vez aparecen en otros restaurantes de la ciudad.
Su Festival del Chile en Nogada arrancó desde el 23 de julio hasta el 19 de septiembre. La visita también permite salir de los circuitos gastronómicos habituales y descubrir una casa de comida con personalidad propia, abierta únicamente de jueves a domingo.
¿Dónde? Victoriano Cepeda 80, Observatorio.
El Cardenal: un clásico confiable

Si lo que buscas es una versión tradicional, generosa y sin demasiadas explicaciones, El Cardenal es una apuesta segura. Su nogada se prepara con nuez de Castilla pelada cuidadosamente para evitar notas amargas y mantener una textura tersa.
El chile puede pedirse capeado o sin capear y este año tiene un precio de $520 MXN. Se encuentra en sus diferentes sucursales de la ciudad, aunque comerlo en la sede del Centro Histórico añade un poco más de encanto al plan.
¿Dónde? Palma 23, Centro Histórico, además de sus sucursales en Alameda, San Ángel, Lomas y Nápoles.
Angelopolitano: seis versiones para salir de lo tradicional

En Angelopolitano, un solo chile en nogada no es suficiente. El chef Gerardo Quezadas presenta seis interpretaciones que van desde recetas clásicas, capeadas y sin capear, hasta rellenos menos convencionales.
Entre las opciones se encuentran el chile de pato confitado, cocinado durante diez horas; el de pierna de cordero con una nogada de nueces mixtas, y una alternativa vegana con quinoa, leche de almendra y queso de nuez. Cada uno puede acompañarse con una copa de vino elegida de acuerdo con su relleno.
Los precios van de $495 a $615 MXN, dependiendo de la versión. Es una buena parada para ir en grupo, pedir varios y probarlos al centro.
¿Dónde? Puebla 151, Roma Norte.
Cascabel: tradicional o vegetariano, también para llevar

La chef Lula Martín del Campo mantiene en Cascabel una relación cercana con los ingredientes mexicanos y los pequeños productores. Esta temporada presenta dos versiones: una tradicional, con carne y frutas de temporada, y otra vegetariana que conserva el juego entre dulzor, especias y nogada.
Ambas cuestan $440 MXN y pueden disfrutarse en el restaurante o pedirse para llevar. Es una opción especialmente práctica para quienes trabajan o viven en Santa Fe y no quieren atravesar la ciudad para entrarle a la temporada.
¿Dónde? Park Plaza Santa Fe, Javier Barros Sierra 540.
Los precios y las fechas pueden cambiar conforme avance la temporada, pero hay una recomendación que funciona para todos: reservar antes de ir, especialmente durante agosto y los fines de semana de septiembre. Y si todavía no decides de qué lado estás en la discusión del capeado, esta ruta ofrece siete buenas oportunidades para resolverlo.


