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FERNANDA PIÑA
Otro futbol es posible
Fer Piña disputó el Mundial sub-17 de 2010 vistiendo la camiseta de México. Hoy, es una de las creadoras de contenido futbolístico más reconocidas, además de jugadora del América en la Queens League y emprendedora social. Una conversación sobre futbol, conciencia de clase, sororidad y respeto a la pelota.
Por Daniel González

Poco después de que Alexia Putellas, la mejor futbolista española de siempre, anunciara su despedida definitiva del Barça, el escritor y periodista Manuel Jabois, autor de la letra del himno del Real Madrid, homenajeaba a la futbolista en una entrevista. “Una niña lo que quiere es tener una camiseta, es tener un dorsal, es tener unas botas y hacer una carrera, hacer una biografía. Sueña con alguien a quien poder señalar y decir yo también”, declaraba Jabois. “La despedida de Alexia nos deja entender hasta qué punto el deporte necesita nombres propios como el suyo. Son nombres propios que necesitan los clubes, que necesitan las aficiones y sobre todo los necesitan las niñas”, agregaba.
Fer Piña (Puebla, 1993) es solo un año más joven que Putellas. Nunca aspiró al Balón de Oro y tampoco a proclamarse campeona de la Champions League con un gran club europeo, pero su legado para el futbol femenil mexicano es invaluable. Si Putellas alcanzó la notoriedad y el respeto desde el mainstream, Piña lo logró desde la periferia. Comenzó a dar patadas a una pelota antes de los 6 años, pero siempre rodeada de chicos. Hasta que un día vio un anuncio en el periódico sobre un campamento solo para chicas.
Y entonces llegaron los primeros clubes femeninos, el progreso, la consolidación de la pasión y una inolvidable, y exitosa, prueba con la selección mexicana. Participante en el Mundial sub-17 que se disputó en 2010 en Trinidad y Tobago, Piña se convirtió desde muy joven en una esperanza para el futbol feminino local, uno de los más potentes del continente por tradición, historia y número de participantes. Del torneo caribeño regresó con un histórico debut (era la primera vez que México acudía a un torneo femenino considerado como oficial por FIFA, institución que no reconoce como propio el campeonato del Mundo celebrado en México 1971, el de Las Pioneras), dos históricos goles y el ofrecimiento de una beca completa por parte de la Universidad Estatal de Louisiana (LSU), uno de los mejores programas deportivos colegiales de Estados Unidos, que Piña aceptó. La idea era estudiar Medicina, pero la anatomía, la ciencia y las patologías no acababan de entrar en su vida. Y entonces apareció la fotografía, un arte que terminó por definir sus aspiraciones profesionales y que, de alguna manera, la ha conducido hasta el lugar que ocupa hoy. “Empecé a hacer fotos y, sin querer, fui juntando esa pasión con la del futbol. Pero no soy un influencer, para mí es muy importante dejar claro que sobre todo soy futbolista y creadora de contenido”, dice Piña, quien en Baton Rouge, decepcionada con su carrera universitaria, cambió la medicina por la imagen como un camino sobre el que labrar su futuro profesional.
Aquel torneo también le abrió las puertas del América, uno de los clubes de su vida, con el que llegó a disputar una temporada completa de la entonces incipiente Liga MX femenil. Hoy, Piña viste la camiseta de las Águilas en la Queens League, el disruptivo torneo futbolístico fundado en España por Gerard Piqué que en México dirige con éxito Miguel Layún, leyenda azulcrema, un concepto que, en palabras de la futbolista y fotógrafa, “le ha abierto las puertas a mucha gente que no podría jugar si esta competición no existiera”. Ella es una de ellas. “Hubo un momento en el que desestimé la posibilidad de ser profesional, pero ahora lo soy. Cobro por jugar a un nivel muy competitivo. Solo hay que adaptarse a las reglas, que son diferentes a las que estamos acostumbrados. No entiendo a la gente que lo critica, porque abre oportunidades para nuevas ideas”, explica Piña sobre una liga muy cuestionada por los llamados luditas de un deporte rey cada vez más cuestionado por aficionados y medios de comunicación.
El Mundial de 2026 es quizá el gran ejemplo de ese proceso neoliberal que el futbol emprendió mediada la década de los 90. Piña se muestra “emocionada” ante la idea de que México, y el Estadio Azteca, reciba un campeonato del Mundo tras los éxitos incontestables que supusieron las experiencias de 1970 y 1986, pero no rehúye la realidad. “El fut actual está muy contaminado, hay mucho machismo y mucho ego. Como sociedad hemos perdido la ilusión de lo que fueron los Mundiales en el pasado”, explica. De ahí quizá su activismo y la fundación de Solosé FC. De ahí su voluntad de llevar el deporte a los lugares más inesperados de la ciudad, a canchas abandonadas de colonias olvidadas, pero también al Centro Histórico, donde desde hace unos meses organiza cascaritas frente al Museo Mural Diego Rivera, orgullo capitalino y gran símbolo del terremoto de 1985 y, como consecuencia, también del Mundial de 1986. Piña ha devuelto el futbol al barrio para, tal y como defendía Antonio Gramsci hace más de un siglo, crear sociedad, solidaridad y hegemonía popular mientras se acerca un Mundial que en su opinión está “contaminado por el patriarcado y el machismo”.
Casita Solosé, una de las patas del proyecto matriz Solosé FC de reciente apertura en la Condesa, nace como una respuesta alrededor de esa idea combativa, un lugar que incluye una coqueta cancha de futbol, una pantalla gigante para ver los partidos, un café, una tienda, un pequeño restaurante –“la comida, como el deporte, genera comunidad”, defiende Piña– y un espacio expositivo, todo para enseñar “que se puede experimentar el futbol de una manera distinta, más humana, más alegre”. “Hay una oportunidad enorme para educar a mucha gente que consume futbol masculino, sobre todo a los hombres. Muchos sienten que el futbol es una carta blanca en la que pueden sacar sus emociones negativas”, reflexiona la futbolista sobre un entorno en el que son señalados incluso aquellos que se atreven a romper el molde del tradicional y hermético futbol masculino. Los españoles Borja Iglesias y Héctor Bellerín son un buen ejemplo de futbolistas deconstruidos incapaces de escapar del hate de las redes sociales. Así lo explicaba Aitor Rubiales, excompañero de ambos en el Betis, en una entrevista con el medio Relevo: “Tenemos que decir lo que sentimos en cada momento, pero es difícil. Si te equivocas en algo, la pifias. Tenemos derecho a expresarnos, pero muchas veces no decimos las cosas por miedo, a mí me pasa. Me gustaría decir cosas que me callo, porque tampoco sé por dónde van a salir”.
Otros lo tuvieron mucho más complicado. Jakub Jankto, exjugador del Udinese, Sampdoria, Getafe, Cagliari, Sparta de Praga y de la selección checa, y Thomas Hitzlsperger, quien vistió las camisetas de Aston Villa, Lazio y West Ham, entre otros clubes, además de la selección de Alemania, tuvieron que esperar a la retirada para anunciar abiertamente su orientación sexual para evitar los mensajes de odio que cada fin de semana se repiten en estadios de medio mundo, también en México. “El futbol es tan rígido que quien osa salir de esa caja es apuntado, pero ellos están abriendo las puertas para que otros sigan ese camino y se cuestionen qué se puede hacer diferente”. ¿Y cómo lleva el hate Fer Piña? “Recibo poco hate”, responde la futbolista, “pero el 99,9 por ciento del odio que recibo en redes sociales tiene lugar cuando publico algo sobre la relación que mantengo con mi novia. Soy una persona que tiene mucha opinión y lo que sí me he dado cuenta es que a veces no la hago pública o no la comparto tanto para así protegerme”, explica. También la terapia y la meditación funcionan para ella. “Soy una persona muy espiritual, hago terapia tradicional, pero también medito y soy creyente de la numerología o el tarot. Lo que ocurre externamente siempre afecta, pero cuantas más herramientas tienes mejor eres capaz de mantenerte”.

Estrella de la mencionada Queens League con el América y referente del futbol femenino con conciencia, Piña regresa a Putellas (en el momento en el que se llevó a cabo esta entrevista Putellas aún no había anunciado su despedida) para tratar de explicar su visión del futuro para un deporte femenino que sigue superando barreras desde que en 1895 se fundara en Inglaterra el British Ladies FC, el primer equipo femenino de la historia. Tuvieron que pasar varias décadas, siempre demasiadas, para que llegaran la histórica final de 1971 en el Estadio Azteca, donde se reunieron 110,000 espectadores para ver a México y Dinamarca, la creación de un Mundial reconocido por FIFA en 1991, la inclusión en Atlanta 1996 del futbol femenino en el programa olímpico y la explosión de las grandes ligas tanto en Europa como en Norteamérica.
Hoy jugadoras como Megan Rapinoe, Aitana Bonmatí, la mencionada Putellas o Sam Kerr gozan de fama y contratos globales, además de con la bendición de sus pares y colegas. Sin embargo, la industria sigue dirigida, en su gran mayoría, por hombres. La mayor parte de los entrenadores, de los directivos de FIFA (solo seis de los 37 miembros del consejo rector de la organización que rige el futbol mundial son mujeres), de los periodistas y de los propietarios y presidentes de clubes, sin importar su influencia o capacidad económica, siguen siendo hombres. Solo las gradas ofrecen una imagen radicalmente distinta a la de hace un par de décadas.
Pero Piña es optimista. Para ella, todo es una cuestión de timing, la consecuencia directa de trabajar con un siglo de retraso frente al futbol masculino. “Poco a poco va a empezar a haber más jugadores que con el tiempo se conviertan en directoras técnicas. Los hombres llevan años viendo cómo muchos de los jugadores se convierten en técnicos cuando se retiran. Pero nuestro futbol es muy joven a nivel profesional, no hay aún jugadoras con la experiencia suficiente para tomar esos cargos. Es cuestión de tiempo, de esperar a que se cumplan los procesos para que estas jugadoras que se van retirando ocupen puestos no solo en la dirección técnica, sino también como comentaristas, analistas… De cada 10 niñas que juegan habitualmente, solo quizás dos puedan llegar a ser profesionales, pero al mismo tiempo también hemos ganado a otras ocho que serán entrenadoras, kinesiólogas… Se está creando una industria”, concluye.
FOTO RAFA SALSAS PALABRAS DANIEL RODRÍGUEZ EDITORA DIGITAL NATALIA CHÁVEZ EDITOR DE ARTE DAVID FLORES PRODUCCIÓN JESÚS MONTEALEGRE VIDEO GUSTAVO RODRÍGUEZ, MARIANA MARTÍNEZ ASISTENTE DE FOTO GENARO VILLARREAL EDICIÓN DE FOTO BENJAMÍN VÁZQUEZ ASISTENTES DE PRODUCCIÓN NATALIA VIVANCO Y RODOLFO TAMÉS ASISTENTE DE VIDEO IGNACIO AMAYA MAQUILLAJE LLUVIA LIRA (IDIP) PELO RHONA ARANDA VENUE UNIVERSIDAD IBEROAMERICANA STYLING COORDINATOR NATALIA CHÁVEZ ROPA SALOMON, REEBOK, NIKE, HERMANOS KOUMORI, CARRERA, BOSS EDITORA GENERAL MEXBEST ISSA PLANCARTE


