La vendimia tiene una manera bastante rápida de poner a prueba nuestra capacidad para organizarnos. Todo empieza con una degustación inocente, pero puede terminar con cinco vinícolas agendadas el mismo día, una comida perdida, zapatos llenos de tierra y la vaga sensación de que todos los vinos comenzaron a saber igual después de la tercera parada, y quién mejor que Lulú Martinez Ojeda, nombrada enóloga del año este 2026, para decirnos cómo disfrutar de la fiesta del vino en México.

Antes de comenzar esta guía para las vendimias, conviene recordar que visitar una región vitivinícola durante la cosecha no es lo mismo que hacer una ruta del vino en cualquier otra época. Durante una vendimia, la bodega está trabajando a máxima capacidad, el equipo lleva semanas durmiendo poco y cada decisión puede influir en el resultado de una añada completa.
La idea no es ponerse solemnes ni dejar de disfrutar. Al contrario: hay que comer bien, probar mucho y hacer todas las preguntas posibles, pero entendiendo que la fiesta sucede porque detrás existe una vendimia real.
Do’s and Dont’s en una Vendimia
Antes del viaje, dale un pequeño descanso al cuerpo. No hace falta someterse a una “limpia” extrema ni dejar de comer; basta con reducir el consumo de alcohol durante los días previos, dormir bien y llegar hidratado. Después del fin de semana, hacer lo mismo tampoco cae nada mal.

Una vez en el viñedo, prueba las uvas. Es uno de los pocos momentos del año en los que puedes conocer directamente la materia prima del vino. Pregunta primero si puedes tomar alguna de la planta, de una caja o de la mesa de selección. Si hay mosto disponible, pide probarlo también: es la manera más sencilla de entender cómo comienza a transformarse la fruta.
Aprovecha que estás ahí para preguntar qué ocurre en la bodega. Qué variedad llegó ese día, qué están prensando, cuáles tanques comenzaron a fermentar o cómo deciden el momento de la cosecha. Quienes trabajan haciendo vino suelen disfrutar estas conversaciones, siempre que no sucedan justo cuando están recibiendo toneladas de uva.
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También hay que tomar agua con la misma disciplina con la que se prueba cada etiqueta. Intercalar agua ayuda a mantenerse hidratado, aunque es importante entender que no elimina el alcohol ni sus efectos. Comer antes de la primera degustación y reservar una comida completa durante el día también hará que el recorrido sea mucho más llevadero.

El uniforme no tiene demasiada ciencia: zapatos cómodos, ropa fresca y prendas que puedan ensuciarse. Habrá tierra, polvo, mosto, mosquitos y quizá alguna uva aplastada. Estás visitando un espacio agrícola en plena operación, no en el Fashion Week.
Las reservaciones son igualmente importantes. Durante estas semanas, restaurantes, vinícolas y transportistas trabajan con alta demanda. Improvisar una mesa para ocho personas a media tarde rara vez termina bien.
No olvides los antiácidos o medicamentos contra el reflujo, son la clave para disfrutar sin consecuencias graves. Y, si la agenda lo permite, considera regresar el lunes. Así podrás dejar el domingo para desayunar tarde, comer con calma, hidratarte y recorrer la zona sin estar pendiente de tomar carretera unas horas después.
Qué evitar en una vendimia

No intentes conocer todo en un fin de semana. Dos o tres vinícolas bien elegidas ofrecen una experiencia mucho más interesante que cinco visitas atravesadas por las prisas. Después de varias degustaciones, la atención disminuye y resulta difícil recordar qué vino pertenecía a cada proyecto.
Tampoco hace falta llenar cada día de actividades. Una visita importante, una buena comida y tiempo suficiente para moverse entre ambos suele ser una fórmula bastante sensata. La vendimia es una temporada para disfrutar, no una competencia por acumular copas y fotografías.
Nunca entres a la cava, la zona de producción o los viñedos restringidos sin autorización. Tampoco tomes uvas de cajas, contenedores o mesas de selección sin preguntar. Mucho menos introduzcas las manos en prensas, tanques o cualquier equipo. Además de interrumpir el trabajo, puede ser peligroso.

Si encuentras al enólogo supervisando la recepción de fruta, probablemente no sea el mejor momento para contarle durante veinte minutos sobre aquel Cabernet que probaste hace años. Guarda la conversación para después o pregunta cuándo tendría oportunidad de explicarte lo que sucede.
No esperes encontrar una bodega impecable. Durante la cosecha habrá mangueras, tractores, cajas, botas manchadas y personas moviéndose de un lado a otro. Esa actividad no es una falla en la experiencia: es precisamente lo que fuiste a conocer.
No abuses del uso del perfume. Una fragancia intensa puede interferir con los aromas del vino y afectar no solo tu degustación, sino también la de quienes están a tu alrededor.
Y, por supuesto, no manejes después de beber. Comer y tomar agua no revierten los efectos del alcohol. Desde antes del viaje, elijan a una persona que no beba o contraten un servicio de transporte para todo el recorrido.
La puntualidad también importa. Llegar 40 minutos tarde durante la época de mayor trabajo puede alterar recorridos, comidas y degustaciones posteriores. Si reservaste un horario, respétalo.
Haz mejores preguntas
“¿Cuál es el mejor vino?” rara vez conduce a una conversación interesante. La respuesta depende del gusto personal, la comida, el momento y hasta la temperatura del día.
En su lugar, pregunta cuál es el vino favorito de la persona que guía la degustación, qué etiqueta representa mejor el proyecto o cuál disfruta tomar en este momento. También puedes preguntar por la cosecha actual, la historia detrás de una parcela o la botella que más ha cambiado con los años.
Y, sobre todo, llega sin prejuicios. Decir que no te gustan los vinos mexicanos después de haber probado dos etiquetas hace una década cierra cualquier posibilidad de descubrir algo nuevo. La vendimia se disfruta mejor con curiosidad y disposición para sorprenderse.
La fiesta comienza mucho antes de la copa

Vendimia no es solamente una colección de comidas, conciertos y brindis. Es el momento en el que se recoge el trabajo de un año entero.
Antes de que el vino llegara a tu copa, alguien podó, regó, contó racimos y observó el clima. Alguien decidió cuándo cortar, comenzó a cosechar de madrugada y limpió una prensa a medianoche. Ahora, mientras los visitantes celebran, hay un equipo siguiendo cada fermentación con una mezcla de cansancio, conocimiento y emoción.
Así que sí: come mucho, toma rico, prueba las uvas, pregunta por el mosto y ensúciate un poco los zapatos. Solo recuerda que el verdadero privilegio de estar ahí no es beber más, sino alcanzar a mirar de cerca cómo comienza una nueva añada.


