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ROBERTO MORALES
¡Qué chille (la pelota)!
Una vez conquistadas las redes sociales y convertido en uno de los creadores de contenido más influyentes del mundo hispano, Roberto Morales se enfrenta al futuro centrado en sus dos grandes pasiones: “la cocina y el futbol”.
Por Daniel González

El 10 de noviembre de 2020, un joven originario de Hermosillo subió cuatro imágenes a su cuenta de Instagram: un tomahawk, una salsa molcajeteada, una botella de vino de The Prisoner y unos camarones cocinándose a las brasas. Quinientos cuarenta y siete días después, aquel espigado y desgarbado creador de contenido, ya bajo el sobrenombre de @robegrill y con más de 20 millones de seguidores en sus diferentes redes sociales, cocinaba unas quesadillas junto a Rosalía en el hotel Four Seasons de la Ciudad de México. La artista española había elegido al creador de contenido mexicano como punto de partida de la promoción de Motomami, su primer álbum de estudio, en tierras mexicanas. No fue la única. Con el tiempo, Dwayne Johnson The Rock, Will Smith, Martin Lawrence, Pedro Pascal, Checo Pérez u Olivia Rodrigo, entre muchas otras celebridades, también compartirían pantalla vertical en la cuenta personal de este mexicano nacido en 2002, un fenómeno tan popular como transversal.
“Llevo casi seis años en la creación de contenido y a base de trabajo y disciplina hemos tenido un buen posicionamiento. Es un proyecto pensado y bien armado”, dice Morales a MexBest, humildad nada impostada, desde la cancha de futbol de la Universidad Iberoamericana, en la Ciudad de México, sobre la que minutos antes ha demostrado sus exquisitas habilidades, vuelta al mundo incluida, el truco que identifica a un futbolero de un amateur. “Eso no lo hace cualquiera”, le dice el que esto escribe mientras cinco futbolistas del equipo femenino de la Ibero aguardan a fotografiarse con la estrella. Es entonces cuando aflora la timidez del chico de 23 años que solo un día después de esta entrevista cumplirá 24. “Mis dos grandes pasiones son la cocina y el futbol. Jugué desde los tres o cuatro años, hasta que llegué a la universidad”, reconoce, ya más tranquilo, después de cumplir con las exigencias de la fama.
La educación superior llegó para Morales en plena pandemia. Estudiante de marketing, explica que el confinamiento le impidió “disfrutar de una vida universitaria tradicional”, pero que sin quererlo, también le abrió las puertas de una nueva carrera profesional. La universidad, sin embargo, nunca desapareció de su vida. Dos semanas antes de esta sesión de fotos, Morales asistió junto a su padre a la Universidad de Stanford para dar una plática al grupo de estudiantes de la asociación Stanford Latino, comprendido por universitarios de entre 18 y 19 años, pero también por alumnos de posgrado de la Stanford Graduate School of Business.
“De verdad ha sido una de las mejores experiencias que hemos vivido en estos 5 años de RobeGrill”, escribió entonces Morales en su cuenta de Instagram. “Para mí sería un honor que el proyecto RobeGrill fuera un caso de estudio de alguna universidad. Pero creo que aún tenemos mucho potencial, porque apenas estamos empezando. Aún nos faltan muchos años de disciplina y esfuerzo. La gente nos felicita mucho, pero internamente sabemos que apenas estamos empezando”, continúa Morales.
Sorprende la respuesta en un creador de contenido con una comunidad de 25 millones de seguidores, capaz de invitar a cocinar a las estrellas más rutilantes del planeta, autor de un exitoso libro de recetas (Mi primer libro. ¡Qué chille!), propietario de varios proyectos gastronómicos de éxito (Fondos y Bikinis y Tacos París en Guadalajara y Ciudad de México y la dark kitchen Qué Chicken!), colaborador estratégico de marcas y proyectos diversos, y creador de líneas de cuchillos, rubs y exitosos cursos de cocina en línea. Morales muestra seguridad; en su opinión, confirma, esto no ha hecho más que empezar. Y tanto. Desde aquellas primeras fotografías en Instagram, el proyecto familiar –su padre y su hermano también colaboran en tareas creativas y administrativas– no ha dejado de crecer y hoy unas 20 personas trabajan diariamente “pensando en mejorar en el contenido, pero también en abrir otras vertientes de negocio”.
También está dispuesto Morales a romper esos mitos surgidos de las redes sociales (mentideros del posmodernismo) que colocan a su padre como una suerte de caballero jedi capaz de dirigir los designios de su hijo a través de una improbable fuerza marquetiniana. Nada más lejos de la realidad. “Entre tanta información la gente tira notas que no son reales. La relación con mi papá es que empezamos este proyecto juntos a través de una pasión común por cocinar. Yo desde chiquito estaba pegado al asador cuando él cocinaba. El proyecto no nace como piensan algunos de un plan de marketing majestuoso, nada qué ver. Tampoco es cierto que como muchos dicen mi papá era multimillonario. Hicimos esto desde cero, video por video, receta por receta. Las estrategias con las marcas las fuimos estableciendo por el camino”, se defiende Morales con solvencia. La diferencia con los demás creadores que hacían contenido en ese momento es que empezamos queriendo hacer algo serio. No visualizábamos que en el futuro habría marcas, pero sí queríamos hacerlo bien”.
Lo que surgió de aquellos días de tapabocas, distancias personales y confinamientos fue un producto tan exitoso como horizontal, capaz de empatar con audiencias tan diferenciadas como los baby boomers y la generación Z, y con prácticamente cualquier origen socioeconómico. Pero las redes sociales, palabras del propio Morales, pueden transformarse “en un mundo traicionero que te puede elevar o te puede hundir”. Para él, la clave para sobrevivir “entre tanto ruido”, es el perfil bajo, situarse a pie de cancha, “con los valores bien plantados y con la visión clara de hacia dónde quieres ir”. “A mí me ha ayudado mucho trabajar con mi papá y mi hermano, porque sabemos lo que queremos lograr, pero también sabemos que nos vamos a equivocar y que va a haber aprendizajes. No nos mueve tanto la fama o que se hable de nosotros”, señala.

Para el Mundial que ahora empieza, Morales, ataviado con una camiseta de la selección francesa en un extraño azul turquesa (clima de época), reconoce que esa vocación diversificadora con la que RobeGrill se enfrentará al futuro tendrá un primer paso durante el Mundial. “Vamos a vivir la primera parte en México, yendo a los partidos de acá. Vamos a generar contenido diario abarcando diferentes áreas: desde entretenimiento, hasta contenido funcional, como una guía de lugares para comer o para disfrutar del ocio en las ciudades. También haremos lo mismo en Estados Unidos cuando el Mundial vaya transicionando hacia allá, y habrá colaboraciones. Va a haber mucha chamba, eso seguro”, adelanta este botanero convencido, fanático de las papas preparadas con cueritos –“me vuelven loco”, asegura–, que siente que la globalización del futbol le ha robado algunos de sus placeres.
Según un estudio conjunto de FIFA y la Organización Mundial de Comercio, el Mundial de Clubes de 2025 y la Copa del Mundo de 2026 generarán en conjunto 62,000 millones de dólares para el PIB mundial, de los cuales, alrededor de 15,000 caerán directamente en las arcas de FIFA, casi un 50 por ciento más que en el periodo anterior. El futbol, antaño hogar de las clases populares, se ha transformado en los últimos años en uno de los pasatiempos más elitistas, y este Mundial será el epítome de ese parteaguas que dio inicio a comienzos de los 90 y que en este siglo se ha exponenciado.
Otro ejemplo: los boletos de categoría 1 para la final del Mundial que tendrá lugar en el MetLife Stadium de Nueva Jersey el próximo 19 julio salieron a la venta por 32,970 dólares, los más caros de la historia. La gastronomía también ha sido absorbida por las ansias mercantilistas del deporte rey. El choripán en Argentina, los bocadillos de jamón y tortilla de papas en España, los cueritos en México, el feijao tropeiro brasileño, el pastel de carne inglés o el Caffé Borghetti italiano, un licor que fue una institución del calcio durante el siglo XX, han ido desapareciendo paulatinamente de los estadios, cada vez más homogeneizados, cada vez más no lugares, para dar paso a chicken tenders, chicken wings, steak frites, hot dogs y BBQ ribs, siempre iguales, siempre en inglés. “Estoy cien por cien de acuerdo. De hecho, hace un tiempo hice una serie de videos tanto en México como en Estados Unidos sobre la comida de los estadios, incluyendo el Super Bowl. Y sí, en todos los sitios se come lo mismo, papas fritas, tenders, etc. Acá es verdad que ha sucedido menos. Ojalá retomemos ese camino”, dice RobeGrill, a quien también se le ha visto haciendo carnes asadas para jugadores de Chivas, Toluca, América, Pumas o Cruz Azul, entre otros clubes.
De lo que nunca ha disfrutado, reconoce, es de haber hecho un video con alguna estrella global del futbol del tamaño de Will Smith o The Rock, una posibilidad que, admite, le encantaría. “El fut y la gastronomía van muy de la mano, se conectan bien. Aquí estoy, vestido de futbolista para una sesión de fotos de MexBest”, dice antes de enviar uno de los balones a las redes de la portería situada a nuestra espalda. “Va pa’ dentro”, podría haber dicho como en cualquiera de sus videos, pero Morales, como casi toda esa mañana en la Ibero, baja la cabeza antes de dejar intuir lo que parece una media sonrisa de satisfacción. Al fin y al cabo, un gol es siempre un gol.
FOTO RAFA SALSAS PALABRAS DANIEL RODRÍGUEZ EDITORA DIGITAL NATALIA CHÁVEZ EDITOR DE ARTE DAVID FLORES PRODUCCIÓN JESÚS MONTEALEGRE VIDEO GUSTAVO RODRÍGUEZ, MARIANA MARTÍNEZ ASISTENTE DE FOTO GENARO VILLARREAL EDICIÓN DE FOTO BENJAMÍN VÁZQUEZ ASISTENTES DE PRODUCCIÓN NATALIA VIVANCO Y RODOLFO TAMÉS ASISTENTE DE VIDEO IGNACIO AMAYA MAQUILLAJE LLUVIA LIRA (IDIP) PELO RHONA ARANDA VENUE UNIVERSIDAD IBEROAMERICANA STYLING COORDINATOR NATALIA CHÁVEZ ROPA SALOMON, REEBOK, NIKE, HERMANOS KOUMORI, CARRERA, BOSS EDITORA GENERAL MEXBEST ISSA PLANCARTE



