Amantes de la salsa Tabasco y de los buenos martinis, ¡manifiéstense!
Recientemente acaba de lanzarse una de las colaboraciones más esperadas del año: Absolut Tabasco. Sí, dos íconos se unieron: el vodka más famoso del mundo y la salsa picante más vendida del mundo. Absolut Vodka realizó una alianza con salsa Tabasco para presentar un vodka con sabor y mucho carácter. Y sí, nosotros también estábamos un poco escépticos de esta bebida, pero al darle la oportunidad, nos llevamos una de las mejores sorpresas y ahora no dejamos de pensar en ese Bloody Mary con Absolut Tabasco.

Para que te des una idea, en cada sorbo puedes sentir las notas de chiles añejos y vinagre que caracterizan a la salsa, pero sin abrumar ni llegar al punto del picor abrumante. Es un equilibrio perfecto entre los dos productos y un maridaje perfecto si justamente, piensas en bebidas como el Bloody Mary, un Cosmopolitan –que por cierto está haciendo su regreso–, una reinterpretación de la Margarita y otros cócteles con ingredientes como piña, tamarindo, pepino y más cosas frescas.
Pero debemos decir, primero tienes que probarlo a sorbos para comprobar, que es un gran vodka.

En MexBest, teníamos que comprobar su origen, así que viajamos hasta Nueva Orleans en Luisiana porque allá se encuentra Avery Island, el lugar donde la familia McIlhenny ha fabricado la receta original desde 1868.
Por supuesto, el match entre las marcas no podría ser más perfecto cuando recuerdas que Nola es la meca de la coctelería. Y si no le sabes mucho a esto del bartending, nosotros te explicamos todo el contexto.
Sin más spoilers, vamos a nuestras 48 (muy divertidas) horas con Absolut Tabasco.
¿Por qué Nueva Orleans?
La razón número para visitar este destino fue conocer el origen de la artesanía detrás de Tabasco. Desde Avery Island en Luisiana se produce absolutamente toda la salsa que se distribuye en el mundo, ya que se toman muy en serio la artesanía de su producto. Además, esta ciudad es el lugar donde el «beber» se convirtió en una forma de arte civilizado.
Muchos historiadores defienden que el concepto moderno de cóctel nació en Nueva Orleans y la leyenda cuenta que Antoine Amédée Peychaud, un farmacéutico criollo, servía sus famosos bitters mezclados con brandy en una huevera, dando nacimiento a un cóctel.

Además, Nueva Orleans es la única ciudad con un cóctel por decreto oficial: el Sazerac. Allí también se han creado otros cócteles como el Viex Carré o el Hurricane. A todo esto sumemos que durante la época de la Prohibición, en Nola básicamente esa ley no existió, pues los bares simplemente se volvieron speakeasies que todo el mundo conocía.
Hasta la fecha es un destino para conocer lo mejor de la coctelería, sobre todo en Tales of Cocktail donde miles de bartenders de todo el mundo y líderes de los destilados se reúnen para celebrar un festival. Es como una convención anual de los mejores bares del mundo.
Así que si unimos el origen de Tabasco en este rincón del mundo, con una industria espectacular de la coctelería, este es el escenario perfecto para poner a prueba el sabor de Absolut Tabasco tanto solito a sorbos, como en tragos.
48 horas en Nueva Orleans y Avery Island con Absolut Tabasco

Día 1: primeras 24 horas
Al llegar a Nueva Orleans, nos recibió el equipo de los headquarters de Absolut Vodka en Suecia, incluyendo a su embajador global Ricardo «Rico» Dynan. Y nos dirigimos al icónico Barrio Francés (French Quarter), para adentrarnos inmediatamente en la cultura y disfrutar de Fives Bar, un raw bar dedicado a los ostiones típicos de la zona, así como un gran lugar de coctelería.

Allí probamos por primera vez Absolut Tabasco en originales creaciones del bar que iban desde la reinterpretación de un martini picante con encurtidos, hasta otros tragos frescos con piña y limón. Por ejemplo, Columns In Heat que lleva Absolut Tabasco, Ginebra, salmuera de aceituna y vegetales en escabeche.
Otra de nuestras recetas favoritas fue el Swamp Tour Absolut Tabasco, Cynar, miel, limón real y piña. Te lo dejamos por si quieres recrearlo en tu casa, Mexbestie. Así, entre martinis picantes y ostiones, nos recibieron en Nueva Orleans.
El equipo de Absolut hizo su trabajo muy bien pues la siguiente actividad fue cenar en Turkey and the Wolf, uno de los restaurantes más reconocidos de Nueva Orleans. Aquí el chef Mason Hereford prepara comfort food local; es decir, probamos el famosísimo crawfish boil de Luisiana y nos mostró todo el proceso para, de nuevo, sumergirnos en la cultura local.
Verdaderamente vimos todo el proceso con el chef.

Aquí, día con día la frozen Margarita es un must y para probar el nuevo Absolut Tabasco, por supuesto que tuvimos este match.
En Turkey and the Wolf todo es divertido y ligero, así que también probamos otros cócteles con Absolut con sabores: fresa, piña y pepino, además de la frozen margarita picante que fue la favorita de todos.
Avery Island: un recorrido por la artesanía de Tabasco y Absolut

La mañana comenzó con el aire denso de Luisiana mientras nos dirigimos a Avery Island, el epicentro mundial donde nace cada gota de la salsa Tabasco que se vende en el mundo. Sin embargo, antes de sumergirnos en el universo del fuego líquido, nos detuvimos para vivir la Absolut Akademi.

De la mano de Ricardo «Rico» Dynan, embajador global de la marca, nos adentramos en la fascinante artesanía de este vodka sueco –¿sabías que es sueco y sigue haciéndose en Suecia?– cuya herencia se remonta a 1879, cuando Lars Olsson Smith introdujo la destilación continua. Rico nos explicó cómo esta visión pionera ha evolucionado hasta convertir a la destilería de Åhus en una de las más sostenibles y limpias del mundo; un modelo de economía circular donde el concepto de «residuo» simplemente no existe.

Gracias a su filosofía One Source, cada etapa ocurre en un radio de pocos kilómetros: el trigo de invierno proviene de granjas locales y el agua de sus propios pozos profundos, logrando que el 99% de sus desechos orgánicos se reutilicen, incluso convirtiendo los restos del proceso de destilación en alimento para el ganado de la región.

Con esa misma vara de medir la excelencia, nos trasladamos a los campos de cultivo de Tabasco. Allí, acompañados por un agricultor local, entendimos que el sabor comienza con la tierra.

La selección de los chiles es un rito de precisión pues cada recolector utiliza la le petit bâton rouge (un pequeño bastón rojo) para comparar el color de los frutos y asegurar que solo los ejemplares en su punto exacto de madurez sean cosechados.
Es un proceso que prioriza la calidad sobre el volumen, una lección de paciencia donde solo tres ingredientes logran la salsa perfecta: chiles Tabasco cultivados entre la isla y regiones seleccionadas de América, sal extraída directamente de las minas de Avery Island y un vinagre blanco de alta calidad.

El proceso es un testamento al tiempo. Tras la molienda, la pasta de chile se sella en barricas de roble –muchas de ellas con una vida previa añejando bourbon– y se cubre con una gruesa capa de sal para permitir una fermentación lenta que dura tres años.

Una vez que este «mash» ha alcanzado su madurez, se mezcla con el vinagre durante 30 días adicionales de agitación constante antes de ser filtrado y embotellado. De hecho tuvimos el privilegio de probar el mash, tres tipos de mezcla, donde el último nos dejó llorando a todo el grupo. Perdón México, te fallamos.

En esta búsqueda por la distinción, descubrimos ediciones que van más allá de lo cotidiano, como la reserva Family Reserve, donde se utilizan ingredientes aún más seleccionados y procesos de añejamiento prolongados que elevan el perfil sensorial de la salsa a niveles de un destilado de colección.
La sorpresa final del recorrido fue atestiguar la artesanía humana que persiste en una producción global: ver cómo etiquetan a mano cada una de las botellas de estas ediciones especiales, cuidando que la etiqueta esté perfectamente alineada como sello de su naturaleza artesanal.

Como dato curioso, la importancia de Avery Island es tal que la familia McIlhenny mantiene una «reserva de semillas» bajo llave en una zona de seguridad para garantizar que el genotipo del chile original nunca se pierda. Además, la producción es tan eficiente y respetuosa con su entorno que la isla funciona también como un santuario de aves y vida silvestre, demostrando que la gran industria y la conservación pueden caminar de la mano bajo el sol de Luisiana.
Por supuesto, un almuerzo estilo Luisiana con pollo frito, gumbo y Bloody Marys nos esperaba como recompensa.

Los equipos de Absolut Vodka y Tabasco verdaderamente se lucieron con otra muestra de hospitalidad de Luisiana. Todavía recordamos con nostalgia ese pollito crunchy y las papas con un toque de miel, más Tabasco.

Mientras Absolut se rige por la filosofía de One Source (todo sucede en el pequeño pueblo de Åhus: el trigo de campos vecinos, el agua de su propio pozo y la destilación en un solo lugar), Tabasco hace lo propio en Avery Island. No son marcas que compran ingredientes al mejor postor; son marcas que «viven» en su lugar de origen. El vodka es el espíritu de Åhus; la salsa es el de Avery Island.
Además, está la responsabilidad con la tierra: ambas marcas saben que si no cuidan su entorno, su producto (que depende 100% de la agricultura) desaparece. El puente entre Absolut y Tabasco es la integridad del proceso: es la convicción de que la artesanía real no admite atajos.
Hacia las 48 horas: Cata de vodka y Hungry Eyes
Tras recorrer los campos y las bodegas de añejamiento, el clímax de la jornada llegó con una cata técnica dirigida por Rico Dynan, donde pudimos confrontar la pureza del vodka con el carácter vibrante de la salsa. Con el conocimiento fresco sobre la procedencia de cada ingrediente, apreciar las notas de Absolut Vodka y Absolut Tabasco se convirtió en un ejercicio de respeto por la materia prima.

Al probar el Absolut Tabasco, entendimos que no se trata de un simple picante, sino de una arquitectura de sabor donde la acidez del vinagre, la mineralidad de la sal de la isla y el fermento del chile encuentran un equilibrio perfecto, permitiendo que la capsaicina realce los matices del grano sin opacarlos.
De regreso en el pulso eléctrico de Nueva Orleans, nos dirigimos a un festín auténtico en el restaurante Hot Stuff, un rincón que personifica la cocina de Luisiana y donde fuimos recibidos por sus emblemáticos boiled seafood y pollos fritos con especias de la casa.

Fue el escenario perfecto para experimentar con la versatilidad de la mezcla: probamos reinterpretaciones del clásico Daiquiri y refrescantes slushies donde el Absolut Tabasco aportaba ese toque spicy que transformaba un trago casual en una experiencia audaz, equilibrando el dulzor frutal con un retrogusto cálido que invitaba al siguiente bocado.
Para cerrar la noche y rendir homenaje a la meca de la coctelería, la fiesta nos llevó a Hungry Eyes. Con una vibra retro y una estética vintage que nos transportó de inmediato a los años 80, el bar se convirtió en el escenario final de nuestra expedición.

Allí, bajo luces de neón y una curaduría musical impecable, disfrutamos de un menú diseñado exclusivamente para nosotros: Cosmopolitans perfectamente equilibrados y Martinis de una ejecución magistral, todos elaborados con el vodka que, tras 48 horas de viaje, ya no solo veíamos como un destilado premium, sino como el resultado de una artesanía compartida entre dos mundos que hoy, más que nunca, hablan el mismo idioma.



