El Liderazgo Detrás de la Intuición
Palabras: Anaid Osuna Peimbert Fotos: Alonso Díaz
Dirección Creativa: Gabriel Romano
EN INDUSTRIAS QUE EXIGEN RIGOR Y VISIÓN, XIMENA SARIÑANA, BERTHA GONZÁLEZ NIEVES, THALÍA BARRIOS GARCÍA Y LORENA SARAVIA CUESTIONAN Y REESCRIBEN LA TEORÍA SOBRE LO QUE HACEN. SU LIDERAZGO NACE DE UNA INTUICIÓN AFINADA QUE, LEJOS DE SUAVIZAR, POTENCIA DECISIONES FIRMES Y REDEFINE EL LUGAR DE LAS MUJERES EN EL PODER CREATIVO.
BERTHA GONZÁLEZ-NIEVES
DOMAR AL DRAGÓN
Bertha viste:
Look total de Lorena Saravia; Collar de Alejandra de Coss.FIGURA CLAVE EN LA EVOLUCIÓN DEL TEQUILA CONTEMPORÁNEO, HA REDEFINIDO SU LUGAR EN LA ALTA GAMA CON UNA VISIÓN RIGUROSA, ELEVANDO SU ORIGEN A UN ESTÁNDAR DE EXCELENCIA RECONOCIDO GLOBALMENTE.
Desde Casa Dragones, la apuesta de Bertha González nunca fue competir dentro de las reglas del tequila, sino cuestionarlas. Mientras el mundo reservaba el ritual del sipping para el coñac o el single malt, ella insistió en algo que en México siempre se había sentido como algo natural: “Que nosotros lo degustamos derecho... que realmente es un destilado con complejidad y balance”. Lo que parecía obvio en México, afuera era una idea por posicionar. Y había mucho trabajo por hacer.
Bertha fue la primera mujer certificada como Maestra Tequilera por la Academia Mexicana de Catadores de Tequila, y su enfoque va de elevar la percepción del tequila hacia un territorio más cercano al lujo, el diseño y la experiencia sensorial. “La participación de tequila estaba subdesarrollada”, explica, no por falta de historia –más de 250 años y la denominación de origen más antigua del continente–, sino por falta de narrativa. Había que reconstruir la conversación desde el origen: “Enfocarnos en el craftsmanship mexicano, en la atención al detalle y en el trabajo manual”, y desde ahí, reclamar un lugar en el anaquel global, pero no como excepción exótica.
A lo largo de ese proceso, González se asumió con el rol de alguien que visita terreno desconocido. “Nos vemos a nosotros mismos como exploradores, con la responsabilidad de abrir camino”, dice, delineando una visión que rehúye la repetición y, claro está, la ruta conocida. No se trataba de seguir caminos trazados, sino de crear otros nuevos. Durante los primeros años –cuando Casa Dragones existía prácticamente en una sola etiqueta–, la incertidumbre era parte del día a día: “No sabíamos si íbamos a sobrevivir”. Sin embargo, esa fragilidad inicial terminó por afinar una certeza: el lujo no está en la categoría, sino en la disciplina con la que se ejecuta.
Construir desde cero también implicó sostener una tensión constante entre operación y visión. “Es como una fogata que si no la atiendes, se apaga”, explica sobre el acto de liderar una empresa viva, en movimiento permanente. Entre crisis, aprendizajes y contextos cambiantes, la estrategia no se vuelve estática: se entrena. “Ninguno de los retos es el fin del mundo”, afirma, entendiendo el negocio como una práctica de resistencia, pero también de adaptación.
Su lugar como mujer dentro de la industria nunca fue un discurso prefabricado, sino una decisión interna. “No quería que mi género definiera mi potencial”, señala. Al reconocer la falta de representación femenina, eligió no instalarse en la narrativa de la minoría, sino en otra más exigente: “Me puse en una posición de posibilidad”. Ahí, el género deja de ser argumento y el trabajo se convierte en lenguaje. Más que reclamar espacio, lo diseñó desde la consistencia.
Hoy, su liderazgo trasciende la marca y se instala en un terreno más amplio: el de la representación cultural. “Queremos que la gente vea ese México que es extraordinario”, dice, consciente de que cada botella es también una declaración. No solo de calidad, sino de identidad. En esa construcción, el tequila deja de ser únicamente un destilado para convertirse en un vehículo narrativo capaz de traducir historia, territorio y oficio en una experiencia global.
Quizás ahí radica su mayor aportación: no solo haberse abierto camino en una industria competitiva, sino haber elevado la conversación. Haber demostrado, con precisión y persistencia, que México no necesita reinterpretarse para competir, sino afirmarse. Y que, cuando eso sucede, no hay categoría que esté fuera del alcance.
THALÍA BARRIOS
LA AUTENTICIDAD COMO VIRTUD
Thalía viste:
Chamarra de Lorena Saravia; Aretes de Cos.ELEVAR LA TRADICIÓN A UNA EXPRESIÓN RECONOCIDA –Y APLAUDIDA– MUNDIALMENTE, A TRAVÉS DE LA TRANSFORMACIÓN DEL ORIGEN EN UNA FUERZA CREATIVA QUE REDEFINE LA COCINA MEXICANA ACTUAL.
En Oaxaca, donde la cocina no se aprende sino que se hereda, Thalía Barrios García ha construido una voz que proyecta la tradición. Su trabajo no parte de la nostalgia, sino de una certeza: “La cocina que hago está relacionada a mi región, a mi lugar de origen”. En esa afirmación hay una postura clara: el territorio es el fundamento de todo.
Su historia comienza en San Mateo Yucutindoo, una comunidad ubicada en la región de la Sierra Sur de Oaxaca donde cocinar nunca fue vocación, sino estructura de vida. “No te das cuenta y ya sabes hacer tortillas, o ya eres responsable de hacer la comida para toda la familia”, recuerda. Ahí, entre fogones domésticos, surgió no solo una cocinera, sino una forma de entender el oficio desde la repetición, el cuidado y la memoria. Antes de los restaurantes, existió el “comedor”; y antes del concepto, la necesidad.
Esa relación orgánica con la cocina se convirtió pronto en pólvora en las manos de Thalía, quien desde muy joven ya operaba un pequeño negocio de pasteles en un pueblo donde “nadie había tenido cumpleaños con pastel”. La anécdota no es menor: habla de una intuición empresarial temprana, pero también de una capacidad de introducir nuevas formas sin romper el tejido comunitario. “Siempre me ha gustado vender”, dice, como si la cocina y el intercambio fueran una misma cosa.
El punto de inflexión no llegó con un reconocimiento mediático, sino con la mirada de otros. “Empezó a venir mucha gente que quería trabajar aquí, y hasta chefs que querían aprender”, explica. Fue entonces cuando entendió que su voz no solo existía, sino que estaba siendo escuchada. No desde la validación externa, sino desde la transmisión. Abrir su restaurante no fue una meta sino una consecuencia.
En una industria históricamente dominada por hombres, su postura no ha sido confrontativa, sino estructural. “A mí me gustaría que todos tengamos las mismas oportunidades”, afirma, alejándose de discursos simplistas para enfocarse en la práctica diaria. Sin embargo, reconoce los gestos invisibles de esa desigualdad: “Viene un proveedor y quiere hablar con el chef... y no asume que soy yo”. Lejos de victimizarse, convierte esos momentos en evidencia de un cambio en proceso.
Su liderazgo no se construye desde la jerarquía, pues rechaza abiertamente los modelos de cocina basados en el abuso: “Ya sabemos cómo funciona a gritos, pero no lo vamos a hacer aquí”.
En Levadura de Olla, propone una nueva ética operativa, donde el bienestar del equipo no es una concesión, para volverse parte del sistema. La reducción de la jornada laboral y las condiciones justas no son discurso, son práctica genuina que, al final, se convierte en influencia para otros.
Más que asumirse como figura individual, Thalía se reconoce como parte de un movimiento mayor. “Solo soy un portavoz”, dice, entendiendo que su visibilidad amplifica algo que ya está ocurriendo. Desde ahí, su cocina se vuelve doblemente significativa: no solo preserva la tradición, sino que la empuja hacia adelante.
Quizá su gesto más radical no está en la innovación técnica, sino en la fidelidad. En demostrar que la cocina de origen –esa que nace en el fogón familiar, en el mercado, en la memoria– no necesita traducirse para ser relevante. Que puede, desde su propia lógica, ocupar espacios contemporáneos sin perder su raíz. Y que, en ese equilibrio, no solo honra a su tierra, sino que la lleva con ella siempre.
XIMENA SARIÑANA
UNA VOZ SIN CONCESIONES
Ximena viste: Look total
de Lorena Saravia; Anillo
de Alejandra de Coss.SALIRSE DEL MOLDE A TRAVÉS DE UNA CARRERA EN LA QUE LA INTUICIÓN, LA AUTONOMÍA Y UNA CONCIENCIA COLECTIVA HAN AYUDADO A REDEFINIR EL LUGAR DE LAS MUJERES DENTRO DE LA INDUSTRIA MUSICAL EN MÉXICO.
Desde sus inicios, Ximena Sariñana entendió que el desafío no era únicamente abrirse paso en la música, sino hacerlo sin ceder a las narrativas impuestas. “Había pocos referentes femeninos con los cuales yo me podía identificar”, recuerda, especialmente dentro de un territorio sonoro donde ser mujer, componer y decidir no era la norma.
Su propuesta –un pop alternativo escrito desde la autonomía– rompía con una industria que durante años condicionó la visibilidad femenina a ciertas expectativas de imagen y discurso. Frente a ello, su postura fue clara: “Una mujer que escribe sus propias canciones, que toma sus propias decisiones y que tiene una imagen poco sexualizada”. Más que una estética, se trataba de una ética. Una forma de existir dentro de la industria sin negociar aquello que la definía. “Sobre todo los últimos 10 años, tengo una responsabilidad que me tomo muy en serio: cómo hacerle para que haya más mujeres en la industria de la música, para que haya realmente este sentimiento de sororidad”.
Esa falta de referentes no solo implicaba una ausencia simbólica, sino una experiencia concreta: “Muchas veces, eres la única mujer en el cuarto tomando decisiones sobre tu carrera”. En ese aislamiento, su trayectoria se volvió pionera no por declararlo, sino por habitarlo. Cada espacio conquistado no respondía a una agenda de representación, sino a una convicción personal que, inevitablemente, abría camino para otras.
Sin embargo, su lectura del éxito se distancia de cualquier narrativa individualista. “Prefiero que sea un éxito compartido”, afirma, desplazando el foco de la validación personal hacia la construcción colectiva. En lugar de capitalizar la dificultad, su interés ha sido reducirla: generar condiciones donde otras mujeres no tengan que atravesar los mismos obstáculos.
Esa intención se traduce en acciones concretas. Durante la última década, su vínculo con ONU Mujeres ha sido constante, asumiendo el rol de embajadora con un enfoque que va más allá del discurso. Paralelamente, dentro de su propia práctica, ha impulsado dinámicas que reconfiguran la industria desde adentro: “Buscar trabajar con productoras mujeres y que las realizadoras también fueran mujeres”. Su álbum Amor adolescente (2021) no es solo una obra musical, sino un ejercicio de equilibrio estructural.
Lejos de asumir una figura aislada, Sariñana reconoce su trayectoria como parte de una red. “Es una combinación de todas las mujeres increíbles que me rodean”, dice, desplazando la idea de mentoría única hacia una construcción colectiva que incluye familia, colegas y nuevas generaciones. En ese intercambio constante, su propia voz también evoluciona, alimentada por perspectivas distintas a la suya.
Pero si algo define su permanencia en una industria volátil, es su relación con la intuición. “Siempre seguir tu intuición y ser honesta con quién eres”, afirma, como principio rector frente a una maquinaria que constantemente empuja hacia la homogeneización.
Ahí radica la singularidad de Ximena –quien mantiene una sonrisa sutil durante toda la conversación–, en haber entendido que la verdadera disrupción no está en oponerse al sistema, sino en no diluirse dentro de él. En sostener una voz propia incluso cuando no había un lugar claro para ella. Y, desde ahí, transformar no solo su trayectoria, sino el imaginario de lo posible.
LORENA SARAVIA
REDISEÑAR LA HERENCIA
Lorena viste: Look total
de Lorena Saravia.EN UNA INDUSTRIA QUE SUELE CONFUNDIR VELOCIDAD CON ÉXITO, LA DISEÑADORA LORENA SARAVIA HA CONSTRUIDO UNA TRAYECTORIA QUE DESAFÍA Y REPLANTEA ESA LÓGICA DESDE LA ESTRUCTURA.
Lo que comenzó como un ejercicio de lenguaje creativo evolucionó, con el tiempo, hacia algo más complejo: una empresa. “Dejé de construir colecciones y empecé a construir una estructura; descubrí que soy más estratégica de lo que creía y que mi intuición, cuando está en calma, es una brújula muy precisa”, explica, marcando el momento en que escuchar su propia voz dio paso a procesos, a crecer como equipo y a obtener una responsabilidad compartida.
Esa transición no fue únicamente operativa sino conceptual. Para Saravia, una marca se consolida no cuando crece en ventas, sino cuando logra sostener coherencia en medio de la exigencia. “Una empresa se siente sólida cuando puedes sostener visión, equipo y propósito al mismo tiempo”, afirma. En ese equilibrio, su firma dejó de ser un proyecto autoral para convertirse en una plataforma viva, con cimientos claros y dirección definida. En su trayectoria, ha habido highlights, como su participación en el diseño de los uniformes de Aeroméxico en 2019, donde tradujo su estética en identidad funcional y contemporánea, así como su colaboración con H&M en 2025 –Lorena fue la primera mexicana en lograr esto.
Su relación con las tendencias revela una postura crítica. “Escucho todo, pero no todo lo incorporo”, dice, estableciendo una distancia deliberada frente al ruido. Para ella, la moda no es reacción, sino construcción: “Las tendencias son conversación, pero la identidad es raíz”. Desde ahí, su propuesta se articula en torno al territorio, a la fuerza femenina y al tiempo como herramienta, privilegiando piezas atemporales. Sin embargo, el verdadero desafío no ha sido creativo, sino empresarial.
“La gestión... es un músculo que he tenido que entrenar con disciplina”, reconoce. Entender números, negociar, proyectar y tomar decisiones financieras se volvió tan esencial como diseñar. En ese aprendizaje, descubrió una verdad incómoda pero necesaria: “No hay creatividad sostenible sin estructura”. La libertad, en su caso, no es espontánea; está cuidadosamente diseñada.
“He tenido que demostrar firmeza sin perder sensibilidad”, señala, consciente de cómo la autoridad femenina suele ser interpretada. Su respuesta no ha sido suavizarse, sino afinar su voz: “No reducir mi voz para incomodar menos”.
Esa visión forma parte de un cambio más amplio dentro de la industria. “Hoy hablamos de impacto”, dice, aludiendo a conversaciones que antes no ocupaban el centro: sostenibilidad, comunidad, herencia cultural. Para Saravia, el liderazgo femenino no solo diversifica la narrativa, sino que introduce una perspectiva de largo plazo y colaborativa.
En su día a día, esa complejidad se traduce en una operación exigente, donde conviven fittings, producción y estrategia comercial. Aun así, mantiene rituales innegociables: “El ejercicio y un espacio de silencio”. No como lujo, sino como herramienta para tomar decisiones desde la calma.
Con el tiempo, también ha replanteado su idea del éxito. “El crecimiento no tiene que ser acelerado y visible”, afirma, desmontando una de las premisas más arraigadas de la moda contemporánea. Para ella, el verdadero logro reside en la coherencia, la rentabilidad sana y una comunidad que entienda el lenguaje de la marca. En esa lógica, incluso “el silencio estratégico también es poder”. Hoy en día, Lorena ha demostrado que una marca puede ser, simultáneamente, expresión creativa y estructura empresarial. Y que el diseño no está peleado con la disciplina, sino que depende de ella.






EN ESTA PRODUCCIÓN
STYLING: MERCEDES RUY-SÁNCHEZ / PRODUCCIÓN: CHUSS MONTEALEGRE Y NATALIA CHÁVEZ / MAQUILLAJE: CLAUDIA GAMIÑO PARA CHANEL BEAUTY / PEINADO: IDIP PAOLA OLVERA, NURIA CALATAYUD, PATRICIA CERVANTES / LOCACIÓN: ORIGEN, DE LA METROPOLITANA



