Una mujer permanece frente a un muro atravesado por formas blancas y negras. La escena es sencilla, pero tiene esa mezcla de fuerza, misterio y quietud que aparece una y otra vez en el trabajo de Graciela Iturbide. La imagen se llama Na’ Lupe Pan, fue tomada en Oaxaca en 1986 y ahora suma un nuevo capítulo a su historia.
Durante el Celebration of Photography, realizado en Wetzlar, Alemania, la fotógrafa mexicana recibió el Leica Hall of Fame Award 2026, convirtiéndose en la primera artista latinoamericana en obtenerlo. La misma noche, Na’ Lupe Pan, perteneciente a la serie Juchitán, fue nombrada Leica Picture of the Year 2026. La fotografía estará disponible como una edición limitada a través de la red internacional de Leica Galleries.
Un reconocimiento que no sigue el calendario

A diferencia de otros premios, el Leica Hall of Fame no se entrega cada año ni parte de una competencia abierta. La marca lo reserva para fotógrafos cuya manera de mirar ha dejado una huella profunda en la cultura visual y ha cambiado la forma en que entendemos el mundo. Desde su creación en 2011, solo un grupo reducido de artistas ha ingresado a este reconocimiento.
En el caso de Iturbide, esa mirada se ha construido alrededor de México, aunque nunca se ha quedado dentro de sus fronteras. Sus imágenes hablan de rituales, vida cotidiana, muerte, identidad y naturaleza, pero también de las tensiones que aparecen cuando la tradición y la modernidad ocupan un mismo espacio.
Buena parte de su obra está hecha en blanco y negro, con escenas que no buscan explicar todo ni dar respuestas inmediatas. En sus fotografías hay mujeres, aves, paisajes, fiestas y comunidades que pueden sentirse documentales y poéticas al mismo tiempo.
Más de 50 fotografías llegan a Wetzlar

El reconocimiento está acompañado por una exposición en la Leica Gallery Wetzlar, abierta hasta enero de 2027. La muestra reúne más de 50 imágenes pertenecientes a cinco momentos esenciales de su trayectoria: Juchitán, México Clásicas, Pájaros, Desierto de Sonora y Viajes, una selección creada durante sus recorridos por Ecuador, Panamá, Argentina y Cuba.
El recorrido permite encontrarse con las mujeres de Juchitán y sus estructuras sociales matriarcales, pero también con paisajes del norte de México, escenas callejeras y aves que parecen ocupar un territorio entre lo real y lo simbólico. Más que una retrospectiva rígida, la exposición muestra cómo ciertos temas han acompañado a Iturbide durante décadas y continúan dialogando entre sí.
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Una vida detrás de la cámara
Graciela Iturbide nació en la Ciudad de México en 1942. En 1969 entró al Centro Universitario de Estudios Cinematográficos con la intención de estudiar dirección, pero su camino cambió después de conocer a Manuel Álvarez Bravo. Trabajó como su asistente y encontró en la fotografía una manera más inmediata y personal de acercarse a las personas y a los lugares.


Su primera exposición llegó en la Ciudad de México en 1975 y, un año después, presentó su obra en Nueva York. Desde entonces ha recibido reconocimientos como el W. Eugene Smith Award, el Hugo Erfurth Award, el premio de los Rencontres de la Photographie d’Arles, el Hasselblad Award, la Medalla Bellas Artes y el Premio Princesa de Asturias de las Artes.
La ceremonia también fue escenario de la edición 46 del Leica Oskar Barnack Award. Damir Faizulin recibió el premio principal por su trabajo en las montañas de Daguestán, mientras Laila AnnMarie Stevens fue reconocida como Newcomer por Clayton Sisterhood Project. Valentina Sinis obtuvo la primera LOBA Women Grant para continuar The Last Butterflies, su proyecto sobre mujeres kurdas.
La entrada de Graciela Iturbide al Leica Hall of Fame no funciona como el cierre de una trayectoria, sino como la confirmación de algo que sus imágenes llevan décadas diciendo: una mirada nacida en México también puede transformar la manera en que el mundo observa.


