KARIME LÓPEZ
El regreso de la chef que renunció a Gucci y se abre camino en México
POR: Natalia Chávez FOTOS: Andrea Tejeda
LA CHEF MEXICANA AL FRENTE DE GUCCI OSTERIA FLORENCIA —TAMBIÉN RESPONSABLE DE LA APERTURA Y EXPANSIÓN DEL RESTAURANTE EN SEÚL, TOKIO Y LOS ÁNGELES — DECIDIÓ RENUNCIAR, CERRANDO ASÍ UN CICLO DE OCHO AÑOS CON LA MARCA. ¿EL MOTIVO? LA BÚSQUEDA DE UNA NUEVA ETAPA CREATIVA QUE LE PERMITA EXPRESAR, CON TOTAL LIBERTAD, SU ESTILO PERSONAL Y SUS RAÍCES MEXICANAS A TRAVÉS DE PROYECTOS PROPIOS.



LAS CLAVES DEL ÉXITO EN GUCCI
Con más de 20 años de experiencia en distintas cocinas del mundo, tan aclamadas como demandantes, la chef dejó atrás la comodidad y la seducción de pertenecer a una marca como Gucci para elegir su autonomía.
“Hoy es un momento distinto en Gucci” afirma la chef a MexBest. “Todas las personas que se involucraron desde cero en el proyecto, ya no están. Entonces era complicado explicar, a quienes hoy están a cargo, todo lo que nos costó: el tiempo de trabajo e impulso. Y para mí, Gucci Osteria es como mi bebé, es un proyecto que me costó sangre, sudor y lágrimas y que le puse toda mi alma y cuando algo no es congruente conmigo, me quito de ahí”, asegura en entrevista exclusiva. “Hago las cosas en las que creo al cien por ciento; porque mis acciones me definen a mí como cocinera, como persona y como mujer”, refuerza.
Karime llegó a la marca respaldada directamente por el aclamado chef Massimo Bottura. Era el 2018 y la marca ancla de Kering vivía una época de oro bajo la dirección de una de las duplas más fuertes y exitosas de la moda: Alessandro Michele y Marco Bizzari—Director creativo y Director Ejecutivo (CEO) respectivamente. Ese resplandor se debió a una robusta estrategia en conjunto para crecer, modernizar y reposicionar a Gucci como una de las casas de moda más influyentes del mundo. Ese ambicioso plan no dependía únicamente de la alta costura y el ready-to-wear, abarcaba también una estrategia que incluía las ramas de estilo de vida de la marca.
Alessandro Michele hizo varios cambios clave, entre ellos relanzar la división de belleza, Gucci Beauty, y empujó otros departamentos como la marroquinería y las colecciones de equipaje, por mencionar algunos. Dentro de ese nuevo universo, Gucci Osteria inició como un proyecto que buscaba trasladar el universo creativo de Gucci al mundo gastronómico, combinando moda, arte y alta cocina.
“Cuando me empezaron a contar la propuesta, fue muy emocionante, porque era un proyecto redondo, no solo era el restaurante, incluía al museo Gucci en Florencia, la tienda y todo para contar una historia muy linda que en esa época Alessandro Michele tenía en mente y eso a mí me conmovía”, recuerda. “Todo fue muy emocionante y muy intenso. Detrás de todo estaba Marco, el CEO, y era increíble porque él es una persona que ama la gastronomía, el vino, sabe mucho de hospitalidad. Fue trabajar con alguien que entendía las cosas”, relata. Y efectivamente, fue una gran apuesta.
Karime es modesta al contar su historia, pero una parte fundamental del éxito de Gucci Osteria le pertenece. En tan solo cinco años, y con el respaldo de un equipo sólido, no solo obtuvo una estrella Michelin para Gucci Osteria Florencia en 2019 —apenas un año después de su apertura—, sino que también lideró la apertura de cuatro restaurantes en distintos países y continentes: Florencia, Tokio, Seúl y Los Ángeles.
En ese momento, tanto la chef como el director creativo contaban con el apoyo de Marco Bizzarri, un líder clave en esa etapa de la marca. Como señaló Alessandro Michele en 2016 a System Magazine: “Marco respeta la creatividad y a las personas creativas. Entiende que el poder de una empresa de moda reside en su creatividad”. Esa confianza en el talento fue una pieza esencial no solo para la moda, sino para el éxito de cualquier proyecto creativo.
Ese resplandor se apagó en 2023 con la salida de Alessandro y Marco. “En los últimos dos años cambiaron todos los jefes y todo eso, así que busqué una alternativa porque yo sentía que no podía seguir así”, explica la cocinera sobre su salida de la casa italiana.
Se podrían escribir varias tesis y casos de estudio sobre lo abundante que fue esta relación pues Bizarri tuvo el ojo para reclutar a Michele –entonces desconocido ante el mundo–, para renovar y refrescar Gucci. Y Michele, por su parte, se entregó con la extravagancia y el eclecticismo que lo caracterizan.



Contra todas las creencias, la visión también representó un hito económico: la casa florentina pasó de unos 4 mil millones a 10 mil millones en ventas anuales, un máximo histórico que no han podido superar desde la partida de Michele. Fue a finales de 2022 cuando el diseñador anunció su renuncia tras diferencias creativas con la dirección que el conglomerado estaba tomando. En aquel momento Marco se quedaría para guiar el barco, pero partió en septiembre de 2023.
Así, tras la llegada de Sabato De Sarno como director creativo, las ventas globales de Gucci retrocedieron de forma notable. Este descenso incluso afectó al rendimiento financiero del grupo Kering, pues Gucci es su principal pilar. Así, estos cambios y sucesiones afectaron también a la chef Karime López y al restaurante que dirigía. Allí fue cuando comenzó a entretener la idea de renunciar.
“Al no ser un proyecto que es 100% mío, comencé a buscar más libertad”, explica López. “Si bien con Gucci yo tenía muchísimas ventajas, tenía una gran desventaja: la exclusividad. Por ejemplo, si me invitaba un amigo a cocinar en su restaurante, eso también entraba en la exclusividad y tenía que pedir aprobaciones. Eso me frustraba un poco, o bastante, pues en los últimos dos años esos procesos de autorizaciones fueron difíciles de navegar”.
Con sus complicaciones, no fue una decisión sencilla para la chef, sino un recorrido de mucha introspección. “Fue algo que viví muy en silencio, pero en silencio total. Cuando comencé a entretener la idea de renunciar, ni siquiera se lo decía a Taka, mi esposo, pues él estando ahí, tampoco quería desestabilizar el restaurante. Hasta que no pude más y un día literal le dije,’¿Sabes algo? Es que me voy a ir’ y Taka siempre me ha apoyado siempre en todo: en mis locuras, mis aciertos y también en mis errores”.
Tiempo después, después, la ganadora de la Estrella Michelin comenzó a pensar en su salida, así lo cuenta: “Pude seguir en mi zona de confort y decir, ‘me pagan bien, me va bien, es estable, entonces aquí me quedo’. Pero necesitaba otro reto, otras cosas y decidir más. En los últimos dos años, todo cambió y no podía tomar muchas decisiones”.
De ahí que la chef finalmente comenzó a rebelarse. "Llegó un momento de este difícil periodo en que pensé, ’bueno, en mis vacaciones puedo hacer lo que yo quiera, ¿no?’ Entonces en estos periodos, me iba a hacer colaboraciones con colegas, pero era raro hacerlo, así que tomé la decisión”, declara.
Oficialmente, la renuncia oficial la hizo en abril de 2025 con un acuerdo para terminar el año con ellos. “En la vida pasan tres trenes y pues, trépate”, ríe. “Hay muchas cosas que me interesa hacer como tener mi propio restaurante”.
Dentro del proceso, una colaboración con una marca mexicana cobró mucho simbolismo para ella. “Desde hace años quería hacer un chocolate con Casa Bosques, es un proyecto que yo quería hacer desde hace años, pero mientras estaba en la Osteria, no podía hacer nada con mi nombre con otra persona”, explica. “Entonces cuando pude hacer esa pequeña cosa, ese pequeño chocolate precioso, sentí mucha paz, para mí fue como un momento de libertad, pensé “ ya puedo hacer todo lo que quiero hacer”, sonríe.
Este paso para Karime ha sido más sencillo sabiendo que el chef Takahiro Komodo, su mano derecha en el restaurante de Florencia, y en la vida, se queda como chef de cuisine. Dejarlo con Taka me da mucha paz para cerrar el ciclo de una forma bien bonita”, reflexiona, confirmando que Gucci Osteria nunca fue solo un restaurante, sino parte de su legado.
“A mí lo único que me ha dejado Gucci son cosas buenas; todo en positivo porque fui muy feliz, pero pues todo llega a su fin y este fue mi momento”, asegura.



EL ALUCINANTE RECORRIDO DE KARIME
Para entender su camino, hay que regresar a la mesa familiar. “A mí me cocinaban y eso era la parte que más esperaba del día. Y también por eso creo que cocino: porque me encanta comer y compartir la mesa”, dice Karime. La Fonda 99, el restaurante de su familia en la Ciudad de México, fue su primera escuela, donde los grandes platillos y las reuniones con amigos y familiares le enseñaron que la comida no solo alimenta, sino que une, comunica y demuestra afecto. “Nos demostramos amor con la comida. Y eso me marcó para siempre”, recuerda.
Tras la preparatoria, Karime se tomó un año sabático que la llevó a París. Primero estudió francés, luego se acercó al arte en la École des Beaux-Arts, explorando pintura y escultura. Pero la ciudad, con sus pastelerías y restaurantes, le presentó otra forma de arte. “Yo estaba maravillada. Veía esas pastelerías y restaurantes y dije: ‘Trabajo con mis manos y además se puede comer. Para mí era como arte’. Ahí fue cuando decidí estudiar cocina”, relata.
Así fue como comenzó su formación profesional en Sevilla, pero su primera verdadera prueba fue en Can Fabes, un tres estrellas Michelin cerca de Barcelona. Allí la exigencia era brutal: largas jornadas de trabajo físico, tareas repetitivas, perfección absoluta. Pelar, limpiar, preparar pastelería y platos principales, resistir hasta el final del servicio. “Recuerdo estar toda la noche pelando verduras y, al final, ver cómo todo tomaba forma y sabor, y pensar: esto es lo que quiero hacer. Fue duro, sí, pero me enseñó que la perseverancia tiene su recompensa”, recuerda. Dos años allí moldearon su carácter, enseñándole disciplina, resistencia y resiliencia.
De Karime hay que entender que su éxito, y su estrella Michelin no fueron golpes de suerte, ella se formó en las mejores cocinas del mundo. Desde México hasta Tokio, con mucho esfuerzo físico y mental. En 2007 llegó a trabajar en Mugaritz del reconocido Andoni Luis Aduriz en el País Vasco, donde la creatividad y la técnica se entrelazan de manera casi filosófica. Más tarde en 2008 volvió a México para trabajar Pujol, bajo la guía de Enrique Olvera, que expresa, fue uno de los capítulos más significativos de su carrera.
“Yo venía de lugares muy militares”, explica desde la Ciudad de México. “De lugares muy duros en donde yo creo que la colaboración así de colegas no existía, todo era muy rígido y tal vez, como cocinero eso no te dejaba pensar fuera de esa situación en la que estabas. Entonces Enrique me enseñó a ver fuera de eso y a disfrutar trabajar en la cocina”, expresa. “Siempre he disfrutado estar en ella, pero no era tan consciente de que era muy feliz haciendo eso hasta que trabajando con Enrique le dije, “es que a mí esto me encanta".
Para la cocinera trabajar al lado del chef, fue una etapa de muchas realizaciones. “Pienso que tal vez si hubiera visto con esta perspectiva los lugares donde estuve antes, me lo hubiera pasado mejor. El rush de la cocina es como una competencia diaria y sí, quizá pude gozarlo más”, recuerda. Constantemente menciona a Olvera como una de sus grandes guías.
Después de Pujol se mudó a Tokio para desarrollarse en el reconocido fine dining: Ryugin de Seiji Yamamoto donde del chef aprendió a saber ganarse la cocina y la paciencia que requiere la perfección japonesa. Época que describe como una de las más difíciles de su vida, tanto personal como laboralmente, hasta que más tarde llegó a Lima, Perú para trabajar en el reconocido Central, de Virgilio Martínez como sous chef. “Este también fue un lugar que me enseñó otras cosas más allá de la cocina, pues Virgilio tiene una forma muy diferente de pensar que transmite”, describe.
Fue en 2017 cuando echó raíces en Italia junto con el chef Takahiko Kondo, su pareja, quien ya trabajaba con Massimo Bottura en Módena donde se encuentra la icónica Osteria Francescana. Estando allí platicó con Lara Gilmore, restaurantera, socia y esposa de Massimo Bottura sobre proyectos que había hecho, pues durante su tiempo en Perú también desarrolló unos libros de Virgilio Martínez y Gilmore la invitó a editar los de Bottura, donde había que probar las recetas, recolectarlas y ordenarlas, además de trabajar las fotos porque no funcionaban. Tenía solo 2 meses y medio para terminarlo, pero aceptó y entregó, lo cual abrió para ella la siguiente gran puerta.
“Más tarde empecé a buscar trabajo en cocina. Justo me habían ofrecido un proyecto en el País Vasco y Massimo siendo Massimo un día me dijo, "¿Qué haces? ¿Por qué te vas para allá?". Y le dije que mi trabajo lo hacía Taka, que todavía no me hallaba en Italia, no hablaba italiano y porque se trataba de una gran propuesta y me dijo, "Tengo un proyecto para ti, hablamos mañana. Me tienes que decir que sí”.
La cocinera salió de vacaciones y, a su regreso, recibió la llamada de Gucci. “En esa época estaba Marco Bizarri de CEO,un tipo super inteligente que me guió muchos años y que ama y conoce la gastronomía”, relata. En ese momento, en el 2017, llegó a los headquarters de Gucci respaldada por Bottura y conoció a las grandes figuras y al diseñador. “Él es un ser místico, cuando lo veía entrar, me venía a la mente esta canción de Jesus Christ Superstar”, dice entre risas. “Llegaba con todo su coro, era impresionante”.
“Hoy quiero seguir creciendo con congruencia”, asegura. “La congruencia con mis raíces y mis creencias, que fue algo siempre llevé en mis proyectos. Lo que haga a partir de Gucci tiene que ser “cada vez más mexicano, porque si no puedo tener eso, no soy yo. Nací en México y es parte de mí”, declara sin titubear.
Con esta firmeza, su siguiente paso es regresar a México y por primera vez –tras trabajar en más de siete restaurantes internacionales–, abrir un restaurante en su propio país. Se trata de Xaak, dentro del Hotel Xcaret Arte, un proyecto que celebra la grandeza del producto mexicano y la memoria ancestral con una visión contemporánea, que estará disponible a partir del 16 de enero. “Tomé este proyecto porque era congruente con lo que creo, con mi país, y enaltece nuestras tradiciones”, asegura.
Su regreso a México no es solo geográfico, sino creativo: regresar a sus raíces, a los sabores que la formaron, y a la libertad de construir su cocina según sus propios códigos. “Lo que guía mi cocina es la memoria, la emoción y la honestidad: cocinar, compartir y volver a la mesa”, dice.
Debuta en Xaak con un menú con ingredientes como el cacao, piñón rosa, pescas sostenibles, miel melipona, cítricos ancestrales y quesos mexicanos. Además de maíces nativos, quelites, frijoles únicos y flores que reflejan la biodiversidad mexicana en cada plato.
Paralelamente, con la libertad que hoy goza, la reconocida chef está lista para cocinar en colaboración con otros colegas mexicanos y también extranjeros. Además de trabajar en otro proyecto confidencial, muy diferente a todo lo que ha hecho, que la reta en logística y visión creativa.
Su siguiente proyecto tendrá, inevitablemente, una mirada internacional, resultado de los países que han sido su casa. “Mi cocina es muy internacional en técnica: no solo México me ha formado, también Perú, Japón, y llevo ocho años viviendo en Italia. Siempre habrá algo de esos lugares, pero con México en el centro”, afirma. Hoy, más que certezas, busca claridad: “Necesito hacer un switch off, encontrar paz y tener el espacio necesario para tomar decisiones”.
Hoy, Karime López no regresa para mirar atrás, sino para cocinar desde un lugar más consciente. Con México como eje y el mundo como referencia, su cocina se redefine lejos de la prisa, del ruido y de las etiquetas. Es una pausa necesaria para escuchar la memoria, afinar la intuición y elegir con claridad. Porque hoy, más que demostrar, Karime cocina para ser fiel a sí misma: a su historia, a su país y al tiempo que decide habitar.


PRODUCCIÓN: Chuss Montealegre / MAQUILLAJE: Vianey Camacho / PELO: Ileana Trujillo para IDIP Escuelas de Maquillaje & Imagen/ ESTILISMO: Ulises García / FULL LOOK: Yakampot / JOYAS: TANE / LENTES: GRAMO / VIDEO: Javier Sánchez


