Aunque Silvana quería ser bailarina y estudió danza clásica, la presencia del vino en la historia familiar de los Pijoan tuvo más peso. Crecer entre viñedos y aprender los bemoles de la producción vitivinícola encabezada por su padre, Pau Pijoan, fueron su primera escuela, a la que sumó una maestría en producción de vino y sidra. Además, emprendió un proyecto personal, Árbol de Fuego, basado en la elaboración de vinos naturales, a partir de procesos de agricultura orgánica y fermentaciones espontáneas.
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