Más de siglo y medio de historia en la historia de Tequila Herradura.
El tequila atraviesa uno de los momentos más visibles de su historia. Ya no aparece únicamente en margaritas o celebraciones: tiene un lugar en cartas especializadas, inspira nuevas formas de beberlo y despierta interés por entender qué sucede antes de llegar a la botella.
Las cifras ayudan a dimensionar el momento. De acuerdo con el Consejo Regulador del Tequila, este destilado llega a más de 120 países y sus exportaciones superan los 400 millones de litros al año. Detrás de esa expansión existe una historia construida durante generaciones por productores, jimadores y casas que han conservado su vínculo con el territorio.
Una de ellas es Casa Herradura, fundada en 1870 en Amatitán, Jalisco. Más de 155 años después, el tequila todavía se produce y embotella dentro de la misma propiedad donde comenzó su historia.
La trayectoria de la casa se remonta a Félix López, quien en 1870 tomó el control de los campos de agave y registró la destilería que entonces llevaba el nombre de Hacienda San José del Refugio.
La marca, sin embargo, tardaría varias décadas en recibir el nombre con el que hoy la conocemos. Según la historia oficial de Casa Herradura, a finales del siglo XIX Aurelio López Rosales observó un objeto brillante entre los agaves. Pensó que podía tratarse de oro, pero al acercarse encontró una herradura y la interpretó como una señal de buena fortuna.
La figura comenzó a acompañar a la casa hasta que, en 1928, Herradura se convirtió formalmente en su nombre. Desde entonces, el símbolo aparece en cada botella y funciona como un puente entre aquella historia familiar y la identidad actual de la marca.
La destilería continuó trabajando a pesar de periodos particularmente complejos para México, entre ellos la Revolución, la Guerra Cristera y distintas reformas agrarias. Esa continuidad ayuda a entender por qué buena parte de su relato está ligado no solo al tequila, sino también a la vida de Amatitán.
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Uno de los momentos más importantes llegó en 1974, cuando Casa Herradura presentó el primer tequila reposado comercial del mundo. La idea de permitir que el destilado descansara en roble cambió su color, textura y perfil aromático, además de abrir un punto medio entre los tequilas jóvenes y los añejos.
Herradura Reposado pasa 11 meses en barricas de roble, muy cerca del límite de 12 meses establecido para esta clase. El tiempo le aporta notas de vainilla, especias suaves y madera sin esconder por completo el sabor del agave cocido.
La casa volvió a adelantarse en 1994 con Selección Suprema, reconocida como la primera expresión extra añeja del mundo. Su aparición ocurrió antes de que este tipo de tequilas tuviera la presencia que hoy ocupa dentro del segmento premium.
Otro cambio relevante sucedió en 2001, cuando la maestra tequilera Teresa Lara López se convirtió en la primera mujer en encabezar la producción dentro de la industria, de acuerdo con los registros históricos de Herradura.
Todo comienza con agave tequilana Weber variedad azul, cosechado a mano cuando alcanza su madurez. Las piñas pasan por hornos tradicionales de mampostería, donde se cocinan lentamente antes de extraer sus jugos.
Uno de los pasos más particulares ocurre durante la fermentación. En lugar de depender únicamente de levaduras añadidas, Casa Herradura mantiene una fermentación natural apoyada por los microorganismos presentes en su entorno. Más de 15 especies de árboles frutales y cítricos crecen alrededor de la destilería y ayudan a fomentar las levaduras que participan en el proceso.
Durante aproximadamente tres días, el mosto fermenta antes de pasar a la destilación. Incluso el agua continúa llegando de los pozos construidos originalmente por la familia López, aunque actualmente se purifica mediante sistemas de ósmosis inversa.
Después viene el tiempo en barrica, que cambia según cada expresión. El Silver descansa 45 días en roble; el Reposado permanece 11 meses y el Añejo llega a 25. La diferencia no está únicamente en esperar más, sino en encontrar el punto en el que la madera acompaña al agave sin borrar su origen.
Proteger una tradición ligada al campo también implica revisar el impacto de producirla. Casa Herradura cuenta con una planta de tratamiento que purifica el agua residual para reutilizarla en el riego de los agaves. El bagazo que queda después de procesar las piñas sirve para generar biogás, mientras que otros residuos orgánicos se convierten en composta.
La casa fue la primera productora de tequila en recibir el Premio a la Excelencia Ambiental de la PROFEPA. También ha obtenido en cinco ocasiones la certificación Empresa Verde de la Secretaría de Medio Ambiente y Desarrollo Territorial de Jalisco.
Casa Herradura opera además como un espacio de cero residuos enviados a relleno sanitario: menos del 1% de los desechos sólidos generados termina ahí.
Después de 155 años, su historia no se sostiene únicamente en conservar hornos, barricas o recetas antiguas. También está en saber qué vale la pena mantener y qué necesita evolucionar.
Mientras el tequila continúa llegando a nuevos países y consumidores, Casa Herradura sigue trabajando desde el mismo lugar donde comenzó. Una escala global construida, curiosamente, a partir de algo muy local: agaves maduros, levaduras que viven entre árboles frutales y la paciencia necesaria para dejar que el tiempo haga su parte.
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