A simple vista podría parecer un detalle gráfico más. Sin embargo, el número 16 que aparece en las botellas de Casa Dragones resume buena parte de la relación de la casa tequilera con San Miguel de Allende y con uno de los momentos decisivos de la historia de México.
La conexión no se limita al 16 de septiembre. También aparece en la dirección de la propiedad que Casa Dragones conserva en la ciudad: Recreo 16. Sus orígenes se remontan a 1671 y, antes de convertirse en un espacio dedicado al tequila y al diseño mexicano, el inmueble estuvo relacionado con los Dragones de San Miguel, el regimiento que dio nombre a la marca.
A finales del siglo XVIII, San Miguel de Allende ocupaba un lugar estratégico dentro de las rutas comerciales de la plata. Entre sus habitantes se encontraban los integrantes de los Dragones de San Miguel, un cuerpo de caballería de élite al que pertenecieron figuras como Ignacio Allende y Juan Aldama.
Desde esta ciudad comenzaron a organizarse algunas de las acciones que impulsarían el movimiento de Independencia. Las antiguas caballerizas del regimiento se encontraban en la propiedad que hoy conocemos como La Casa Dragones, un vínculo que llevó a la marca a recuperar tanto su nombre como la idea de un carácter independiente.
Para Bertha González Nieves, cofundadora y CEO de Casa Dragones, esa historia también funciona como una forma de mirar hacia adelante: “Como productores independientes, nuestra misión es empujar los límites de lo establecido y llevar la conversación sobre la producción de tequila hacia el futuro”.
Así, el 16 se convirtió en algo más que una referencia histórica. Es una manera de recordar el origen sanmiguelense de Casa Dragones y la relación que busca establecer entre el pasado de México, la innovación y una expresión contemporánea del tequila.
TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: De Amatitán al mundo: los 155 años de Casa Herradura
Conservar La Casa Dragones no significó transformarla en un monumento detenido en el tiempo. La propiedad fue restaurada por Will Meyer, de Meyer Davis, y el arquitecto sanmiguelense Marco Valle, quienes trabajaron a partir de la arquitectura existente para incorporar nuevas capas de diseño sin borrar las huellas del inmueble.
El ejemplo más visible se encuentra en las antiguas caballerizas, donde actualmente está The Obsidian Bar. Diseñado por Gloria Cortina, el espacio se encuentra revestido con mosaicos de obsidiana cortados a mano. La piedra proviene de los campos de agave de Jalisco, conectando en un mismo lugar la historia ecuestre de la casa, el territorio tequilero y el trabajo artesanal mexicano.
La curaduría interior, desarrollada por Ana Elena Mallet y Raúl Cabra, recupera la historia del diseño de mediados del siglo XX en el Bajío y la pone a conversar con creadores actuales. En las habitaciones aparecen bancos de nogal inspirados en monturas de Héctor Esrawe, tapices de Caralarga y lámparas de fibra natural elaboradas por Ángela Damman.
También hay tapetes de Trine Ellitsgaard tejidos con hojas de agave desechadas y piezas de Fernando Laposse realizadas con fibra de henequén. Cada objeto fue elegido para sumar una voz distinta a la propiedad, que hoy funciona como espacio de encuentro y escaparate del diseño mexicano.
La relación de Casa Dragones con la Independencia también llegó a la mesa durante la cena que disfrutamos en La Casa Dragones para celebrar el 15 de septiembre. El menú fue creado por el chef Omar Henríquez, de Hortus, quien construyó un recorrido por sabores mexicanos y distintas expresiones de la casa tequilera.
La noche comenzó con un elotito asado con mayonesa de habanero, queso Cotija y cilantro; chicharrón de arroz con aguacate y tomate cherry, y un bocol de queso de Ocosingo con cremoso de cabra. Las botanas se acompañaron con Casa Dragones Blanco, antes de continuar con un tamal de flor de calabaza, quesillo y salsa roja tatemada, servido junto con Casa Dragones Joven.
El segundo tiempo recuperó uno de los sabores más esperados de septiembre con un chile en nogada tradicional, también acompañado por Casa Dragones Joven. Para el plato fuerte se podía elegir entre ribeye con mole negro, rábanos y zanahorias rostizadas, o pollito de leche con mole negro y arroz verde. Ambas opciones encontraron su maridaje en Casa Dragones Añejo Barrel Blend. El cierre llegó con un flan de vainilla de Papantla y Casa Dragones Reposado Mizunara.
La coctelería estuvo a cargo del mixólogo Alfredo Cinencio Hernández, de Hortus, quien creó dos bebidas inspiradas en la fecha. Bandera combinó Casa Dragones Blanco con crème de cacao, falernum, limón, estragón, hoja santa y menta; mientras que Madre Patria llevó Casa Dragones Añejo Barrel Blend hacia un perfil más profundo con bitters de mole, Angostura, jarabe de demerara y aromas cítricos.
Más que acompañar la cena, cada tequila fue pensado como parte del relato. La experiencia permitió celebrar la noche del Grito desde el lugar que explica el nombre de Casa Dragones, reuniendo historia, cocina y coctelería alrededor de una misma mesa.
Durante septiembre, la relación entre Casa Dragones y San Miguel de Allende adquiere otra dimensión. Mientras las banderas cubren las calles y las campanas recuerdan el inicio de la Independencia, el nombre de la marca recupera su sentido original.
El 16 está en la fecha que transformó al país, en la dirección de la casa y en cada botella. Más que una coincidencia construida alrededor del tequila, es el hilo que une a Casa Dragones con el lugar donde comenzó su historia y al que continúa regresando.
La nueva Artisan Plus actualiza uno de los electrodomésticos más reconocibles del mundo, mientras la…
La experiencia privada de Patrón en Atotonilco el Alto va mucho más allá de conocer…
Cocottes, utensilios, piezas para la mesa y muchos colores llegarán a Plaza Carso como parte…
Restaurantes, chefs, hoteles, bares y profesionales de la hospitalidad forman parte de las nominaciones de…
Placas de carbono, espumas de alto retorno y diseños cada vez más ligeros: estos modelos…
La XVI edición del festival reunirá cocineras, chefs, productores, sommeliers y bartenders del 9 al…