El bienestar será el foco principal de la hospitalidad en los próximos años. Foto: Shuttherstuck.
Hoteles boutique, inteligencia artificial en restaurantes y un mercado wellness que alcanzará 20.2 mil millones de dólares para 2034. Al respecto, Deyanira Lizette Chávez Osorio, Coordinadora Administración de la Hospitalidad en la Ibero comparte su opinión.
Por: Deyanira Lizette Chávez Osorio
La hospitalidad dejó de ser solo hoteles y restaurantes. Mientras siempre ha sido una industria sofisticada, hoy esta debe fusionar análisis de datos, experiencia del usuario, gestión de talento, sostenibilidad, bienestar y decisiones en tiempo real. En México, este cambio de paradigma define la competitividad del sector hotelero.
El turismo internacional creció a ritmos históricos. De acuerdo con ONU Turismo, en 2025 se registraron 1,520 millones de turistas internacionales; y el Consejo Mundial de Viajes y Turismo reportó que la actividad aportó 11.6 billones de dólares al PIB global—9.8% de la economía mundial. El mensaje es claro: la hospitalidad ya no es una actividad periférica, sino un motor económico de primer nivel.
México participa activamente en esta expansión. De acuerdo con el INEGI, el turismo representó 8.7% del PIB nacional en 2024, con un valor superior a 2.71 billones de pesos y la generación de 2.9 millones de empleos remunerados. Estas cifras confirman su relevancia económica y social, pero también formulan una pregunta incómoda: ¿qué sigue?
México recibió 79.3 millones de visitantes internacionales entre enero y octubre de 2025, con cifras de la Sectur. Pero aquí surge la paradoja: la ocupación hotelera en los 70 principales centros turísticos fue de 58.2% en promedio. El dilema es estratégico: si ya se atraen visitantes, ¿cómo convertir ese flujo en mayor gasto, permanencia más prolongada, satisfacción superior e intención de regresar?
La respuesta exige un giro mental. Las empresas hoteleras y gastronómicas necesitan migrar desde la pregunta «¿Cuántos visitantes?» hacia preguntas más complejas: ¿Qué patrones siguen mis huéspedes? ¿Cuál es su sensibilidad al precio? ¿Qué experiencias generan mayor lealtad? ¿Cómo varían mis ingresos por segmento?
Frente a este desafío, desde la Universidad Iberoamericana entendemos que descifrar al viajero contemporáneo exige una visión científica y estratégica de la hospitalidad. No basta observar la ocupación o el flujo de visitantes: es necesario analizar reservas, reputación digital, preferencias gastronómicas, movilidad, estacionalidad, satisfacción y rentabilidad por segmento.
El dato, bien interpretado, permite ajustar tarifas dinámicamente, identificar qué servicios generan mayor valor, diseñar experiencias wellness para públicos específicos o elevar el ticket promedio mediante narrativas gastronómicas auténticas.
Los viajeros contemporáneos no buscan comodidad genérica. Buscan experiencias personalizadas, memorables y emocionalmente relevantes. McKinsey señala que los viajeros de alto valor muestran un apetito creciente por aventuras y experiencias diferenciadas— tendencia especialmente fuerte en Norteamérica, Asia y Medio Oriente.
En México, esto se manifiesta en segmentos emergentes: hoteles boutique, gastronomía de autor, wellness, turismo cultural y de naturaleza, experiencias de lujo. El mercado mexicano de turismo wellness alcanzó una estimación de 12.7 mil millones de dólares en 2025 y se proyecta en 20.2 mil millones para 2034, según IMARC Group.
Pero este crecimiento no es accidental. Refleja una transformación más profunda: la hospitalidad ya no es solo alojamiento o alimentos. Ahora integra descanso, salud preventiva, bienestar emocional, gastronomía, cultura, tecnología y propósito. En este escenario, México posee una ventaja competitiva real: patrimonio cultural, biodiversidad, cocina de renombre internacional y una marca-país potente. Pero esa ventaja solo se capitaliza con visión estratégica.
Algunas empresas mexicanas comprenden que competir en hospitalidad significa diseñar ecosistemas, no operar servicios aislados.
Transformó el modelo tradicional. Más allá de operar parques, hoteles o tours de forma separada, Grupo Xcaret construyó un ecosistema integrado donde naturaleza, cultura, entretenimiento, gastronomía, alojamiento y sostenibilidad forman una propuesta unificada. Su modelo All-Fun Inclusive vinculó la estancia hotelera con el acceso a experiencias, convirtiendo el viaje en una narrativa completa. Con más de 6 millones de turistas anuales en el Caribe mexicano y liderazgo en recreación turística sostenible, demostró que la competitividad depende de integrar datos, operación, experiencia, identidad cultural y responsabilidad ambiental.
Ejemplifica la transformación gastronómica. En 2025 fue reconocido en los Premios Interlat LATAM Digital por su transformación digital, innovación tecnológica e implementación de inteligencia artificial. El caso ilustra que la experiencia restaurantera ya incorpora reservas inteligentes, automatización, análisis predictivo, personalización y conexión emocional—no solo el menú.
Paralelamente, la inversión hotelera confirma confianza. CBRE México estimó que durante el segundo semestre de 2025 entrarían en operación más de 3,900 nuevos cuartos. Pero mayor oferta genera mayor presión: quien no entienda sus datos, su propuesta de valor y sus segmentos quedará atrapado en una competencia de precios destructiva.
México tiene condiciones reales para competir globalmente: destinos consolidados, ciudades creativas, gastronomía reconocida, comunidades con identidad cultural e infraestructura hotelera creciente.
Pero el siguiente paso exige elevar la ambición. No basta con ocupar más habitaciones o recibir más turistas. El reto es generar más valor por visitante, mejores experiencias, mayor rentabilidad empresarial, empleos más dignos y profesionales, y modelos más sostenibles.
La pregunta fundamental ya no es «¿cuántos turistas llegan?» sino «¿qué experiencias viven, cuánto valor generan, cómo se distribuye ese valor y qué capacidades profesionales se necesitan para sostenerlo?»
Esta evolución de la industria también está obligando a replantear la educación superior. Programas como Administración de la Hospitalidad en la IBERO apuntan precisamente a formar una nueva generación de líderes capaces de cruzar el rigor del análisis de datos con la sensibilidad humana, la rentabilidad empresarial, la gestión del talento y la sostenibilidad que el sector reclama. En una economía donde la experiencia se ha convertido en ventaja competitiva, la hospitalidad deja de ser una función operativa para convertirse en una profesión estratégica de toma de decisiones.
Quien responda esas preguntas con datos, visión humana y capacidad de gestión ganará en la próxima década de la hospitalidad mexicana.
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