Nuestra selección de heladerías para calmar el calor, el antojo y hacer una pausa.
Ni el pastel más elaborado ni el chocolate más fino tienen el poder magnético de un buen helado. Hay algo en el helado que desafía la lógica de las estaciones. No es solo un postre; es una pausa obligada en medio del ritmo frenético de la Ciudad de México.
Es el único placer capaz de derretir el estrés de la tarde y devolvernos, por unos minutos, a la infancia. Por su versatilidad —puede tener los ingredientes más exóticos de nuestro país o la simpleza de una vainilla clásica— el helado es, sin duda, el postre perfecto: democrático, refrescante y siempre, siempre oportuno.
Y es que en la CDMX hay cada vez más lugares que se toman en serio lo que hacen: desde densos sorbetes de fruta de temporada (como el mango) hasta lácteos infusionados con hierbas locales, su capacidad para encapsular sabores complejos es maravillosa y lo mejor de todo, fresca.
Prepara la ruta, porque después de leer esto, será imposible elegir solo una heladería.
Casa Morgana es una heladería de producción diaria donde la oferta cambia con frecuencia, por lo que no hay un menú fijo. En la vitrina suelen encontrarse pocos sabores, que cambian según el día y la temporada, haciendo que cada visita sea distinta.
Para una primera vez, conviene probar sus bases más constantes, donde se aprecia mejor la técnica. Sabores como chocolate o fresa con crema. También es común encontrar combinaciones como leche con galleta de chocolate o plátano con dulce de leche, que resultan más cremosas y con mayor intensidad.
Además, suelen trabajar opciones de temporada y propuestas más frescas. Los sorbetes como el de limón con romero y el de mango son la mejor elección en días de calor, por su ligereza y frescura.
Helado Bonito parte de la idea de hacer helados con ingredientes reales y bien trabajados, sin recurrir a saborizantes ni colorantes artificiales. Su carta combina gelato tradicional con una línea amplia de opciones veganas y sin azúcar, lo que amplía mucho las posibilidades.
Uno de sus sabores más destacados es el de helado de cacao, también aparecen combinaciones que vale la pena probar, como cacao con cardamomo o con espresso, donde el contraste entre lo dulce y lo amargo está bien logrado.
En la línea más fresca, los sabores de fruta como limón o frutos rojos funcionan bien por su equilibrio y ligereza, especialmente en sus versiones veganas. Además, suelen tener opciones menos comunes como jamaica con chai, cacahuate o mezclas con especias, que le dan variedad a la vitrina.
Se ha consolidado como una de las heladerías más consistentes de la ciudad, en buena parte por una propuesta clara: técnica italiana y una base de ingredientes mexicanos que le da identidad propia.
Si es tu primera vez, vale la pena empezar por sus sabores más conocidos. El de chocolate oaxaqueño y también destacan opciones como vainilla mucho más compleja de lo que parece o avellana.En su lado más característico aparecen combinaciones que remiten a ingredientes mexicanos, como mamey, guanábana o maíz, que cambian según disponibilidad. Además, es común encontrar propuestas de temporada.
Otro punto a favor es la variedad de sorbetes, Joe Gelato funciona tanto para ir a lo seguro como para probar algo distinto. La recomendación es sencilla: combinar un sabor clásico con uno más arriesgado y aprovechar lo mejor de ambos mundos.
Adoro Gelateria apuesta por una línea más tradicional, centrada en el gelato italiano. Aquí la propuesta es directa: pocos elementos, con una textura suave y consistente que se mantiene en toda la vitrina.
Para una primera visita, lo más recomendable es empezar por los sabores clásicos, donde se aprecia mejor el trabajo base. La vainilla y el pistache suelen ser de los más pedidos. También destacan opciones como stracciatella o avellana. En paralelo, suelen incorporar sabores de temporada o combinaciones más frescas, especialmente en los sorbetes.
Nieve de Olla parte de una idea muy clara: recuperar sabores tradicionales mexicanos y llevarlos al helado. Su propuesta gira en torno a ingredientes locales y preparaciones que remiten a lo casero, pero con una ejecución más precisa.
Aquí vale la pena alejarse de lo clásico y probar lo que realmente define al lugar. Sabores como el helado de mamey, zapote, maíz o coco suelen ser de los más representativos. También aparecen opciones como arroz con leche o cajeta, que conectan directamente con postres tradicionales.
Otro punto importante son sus nieves de agua –nos encanta la palabra nieve–, más ligeras y pensadas para el calor. Los sabores de fruta suelen ser frescos lo que las hace una buena opción si buscas algo más refrescante.
Helados Cometa se mueve en una línea más contemporánea, su vitrina cambia con frecuencia, y suele incluir combinaciones poco comunes que se alejan de los sabores más conocidos.
Aquí vale la pena probar algo distinto. Más que un sabor en particular, lo que define a Cometa es esa intención de salir de lo esperado. Por ejemplo, mamey con cacao, piña rostizada, avena stracciatella o de hojicha, son algunos de sus sabores originales.
También hay opciones más sencillas como el de yogurt o tiramisú para quienes prefieren algo conocido, pero incluso en esos casos se percibe cuidado en la textura y en la intensidad de la fruta o ingrediente. Los sorbetes, por su parte, suelen ser una buena elección.
Myka se aleja del helado tradicional y apuesta por una base distinta: yogurt griego. Su propuesta gira en torno a un producto más ligero, con un perfil ligeramente ácido que lo hace diferente desde la primera cucharada.
Aquí, el yogurt helado funciona como punto de partida. Puedes pedirlo solo o combinarlo con distintos toppings como baklava, pistacho o crumble de frutos rojos. Fruta fresca, granola o opciones más dulces complementan bien la base sin volverla pesada.
También tienen helados de temporada como el deyuzu, pera o jamaica, en cada visita puedes encontrar un twist al yogurt griego natural. Myka se enfoca en ofrecer algo fresco y fácil de disfrutar, especialmente en días de calor. Es una buena alternativa para quienes quieren algo frío, pero menos denso que un helado tradicional.
Helados Carmela es una de las propuestas más consolidadas de la ciudad, con una línea que combina técnica, e ingredientes de temporada. Su oferta cambia con frecuencia, pero mantiene una identidad clara centrada en sabores bien definidos y sin excesos.
Puedes probar sus sabores más representativos. El chocolate en distintas versiones según el origen suele ser de lo más pedido, al igual que la vainilla. También destacan opciones como ate con queso, caramelo salado, yogurt con miel, cereza stracciatella, frutos rojos o combinaciones con café.
Uno de sus puntos fuertes está en el uso de ingredientes de temporada, lo que se refleja en sabores de fruta que cambian a lo largo del año.
Gelatoscopio ha construido una propuesta que se mueve entre lo clásico y lo contemporáneo, con una base de gelato y una selección de sabores que combina opciones conocidas con otras menos habituales. Su vitrina suele cambiar, pero mantiene una línea clara en cuanto a textura y balance. Renovado, se convirtió en una fusión entre Cuina y Gelatoscopio.
Más allá de los sabores tradicionales como chocolate, vainilla o avellana, lo que realmente distingue al lugar son sus combinaciones. Preparaciones como caramelo con flor de sal o yogurt con cardamomo. A esto se suman opciones más complejas, donde aparecen notas de café, especias o incluso perfiles más florales, que aportan variedad sin perder claridad en el sabor.Los sorbetes de fruta son otra alternativa, especialmente en días de calor, por su frescura y ligereza.
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