La escena se repite cada diciembre: alguien menciona “los 7 pescados” y de inmediato suena a ritual navideño muy serio (y muy delicioso). Pero detrás de esa cifra hay una historia más interesante que un simple “porque así se hace”: mezcla religión, migración, cocina de costa y un número cargado de simbolismos.
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En Italia, la Nochebuena se conoce como La Vigilia di Natale (“la vigilia de Navidad”) y la cena de ese día se entiende como una comida sin carne, ligada a prácticas católicas de ayuno o abstinencia antes de una gran festividad.
Con el paso del tiempo, ese ayuno estricto dejó de ser obligatorio para la mayoría, pero la costumbre de cenar pescado el 24 de diciembre se quedó.
Y tiene todo el sentido práctico del mundo: en el sur de Italia, el mar estaba cerca, el pescado era abundante y relativamente accesible, así que la “cena sin carne” se volvió un festín marino.
Aquí viene el giro: lo que hoy se conoce como Feast of the Seven Fishes (la “Fiesta de los Siete Pescados”) es, sobre todo, un nombre y una tradición ítalo-estadounidense: se desarrolló con fuerza entre comunidades italianas migrantes en Estados Unidos, especialmente de regiones del sur, en el siglo XIX y principios del XX.
De hecho, la Encyclopedia Britannica señala que “Feast of the Seven Fishes” se considera un nombre exclusivamente italoamericano para esta cena, mientras que en Italia se habla más bien de cena della Vigilia o cenone della Vigilia.
¿Traducción a idioma MexBest? Sí: la base es italiana (cenar pescado en Nochebuena), pero la obsesión por contar exactamente siete platillos se popularizó muchísimo más en la diáspora italiana en EE.UU.
El 7 no es un capricho: en muchas familias se interpreta como un número “cargado” de significado religioso y cultural. Algunas lecturas lo conectan con los siete sacramentos, otras con las Siete Colinas de Roma, y hay quien prefiere otras cifras (9, 12, 13) por distintas referencias religiosas.
O sea: no hay una única explicación oficial, pero sí un consenso emocional: el número vuelve la cena un ritual, un “esto no es cualquier cena”, y le da estructura a un menú que, por definición, puede crecer sin control.
Otra cosa importante: no es que exista “la lista oficial” de los siete pescados. Varía por región, familia y disponibilidad. Aun así, hay clásicos que se repiten en muchas mesas: bacalao salado (baccalà), calamar, almejas, camarón, anchoas, e incluso anguila (capitone) en algunas tradiciones del sur.
La lógica es más de formato que de receta: varios tiempos, varios métodos de cocción, y una mesa que se siente larga—porque también se trata de estar juntos.
Si quieres “hacer los 7 pescados” en casa, la tradición no exige perfección: exige intención. Puedes jugar con preparaciones frías y calientes para que sea llevadero, por ejemplo una ensalada de mariscos al inicio, algo frito o crujiente después, una pasta con anchoas como plato reconfortante, un guiso con bacalao como main… y así. Y si te quedas en 3 o en 5, también estás dentro del espíritu: incluso hay familias que cambian el número, pero mantienen la idea central de la Vigilia sin carne.
Al final, lo más bonito de esta tradición es que funciona como una excusa elegante para hacer lo que de verdad define la Navidad: sentarte, comer rico, alargar la sobremesa y convertir una cena en un recuerdo.
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